El pinsapar

ENRIQUE / MONTIEL

El dedazo de Chavez

Hugo Chávez, electo presidente de la actual República Bolivariana de Venezuela, por él fundada, protagonizó en presencia del mundo el último dedazo latinoamericano. Sentado en torno a sus partidarios, con el sable de Simón Bolívar en la mano derecha, hizo las previsiones constitucionales a su manera: Su vicepresidente Maduro se encargaría de la presidencia interina de la República mientras él se volvía a Cuba para nuevas intervenciones en su cáncer abdominal (?) y si no volvía a él le encargaba la dirección de la revolución chavista y bolivariana, la presidencia de la República y el gobierno de la Nación. Como todos lo hemos visto no es necesario mayores abundamientos. Digo que no pidió a un Congreso de su partido que tuviera en cuenta sus deseos, no aludió a ningún procedimiento propio de las democracias "no bolivarianas", simplemente designó heredero a Maduro, como en las viejas monarquías electivas.

La historia, una vez más, es decir, los acontecimientos, han venido a malbaratar las cábalas de Hugo Chávez. Primeramente sumiéndolo en un estado desconocido, con partes médicos realizados por poetas abstractos, rastros perdidos y herméticas descripciones de la nada. Y con una Constitución vigente, por él mismo avalada, que pone a la República en una situación, en función de lo que acabe finalmente sucediendo, completamente desquiciada. Eso sí, todo eso en vivo y en directo. Sin que el resto de los factores no altere el producto, sino a peor. Digo las 19.000 muertes violentas anuales, el déficit público (mayor que el griego), el clima manifiesto de inseguridad, el enfrentamiento civil de los venezolanos por causa de la ideología chavista en la práctica y el desabastecimiento, al que no estaba acostumbrada la "clase media" de la República, ya en trance de proletarización.

Y de pronto aparece el Ejército venezolano, a cuyos uniformados hemos podido ver imbricados en la revolución chavista, levantando los puños y manifestando ser el Ejército de Hugo Chávez, no del pueblo de Venezuela. En definitiva, las imágenes que nos llegan, como las noticias que nos proporcionan nuestro amigos venezolanos, horrorizados por las cada vez más angostas salidas a la crisis brutal de la República, agravada por la enfermedad presumiblemente terminal del presidente electo, no dejan de llenarnos de estupor y preocupación. Como la inacción aparente de las naciones iberoamericanas, que quizá deban ya ponerse a la disposición del pueblo hermano de Venezuela para lo que soliciten, o sea, para evitar una crisis de dimensiones desconocidas en términos humanos y democráticos. Cuba se juega una ayuda anual de 6.000 millones de dólares venezolanos y mas de seis millones de venezolanos que votaron a Caprile están a la expectativa de un embrollo de dimensiones desconocidas en ese país rico, generoso y desafortunado llamado Venezuela. El 10 de enero vence el primer plazo del drama.

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