Las decisiones de la ministra

La competencia es grande, y hasta ahora, los astilleros españoles son los mejor posicionados para el encargo

De nuevo, la ministra de Defensa (en funciones) Margarita Robles, toma decisiones que pueden poner en peligro la cuenta de beneficios de Navantia y de paso, puestos de trabajo en los astilleros gaditanos. Como es empresa pública, habrá quien piense que para eso están esas empresas o como diría su compañera de gabinete la vicepresidenta Carmen Calvo, el dinero público "no es de nadie". Pero es que además de la pérdida del beneficio industrial, legítimo en una empresa, si el disparate culmina, serán los trabajadores del sector naval de esta provincia, los principales afectados por la decisión de la ministra, porque pueden perder sus puestos de trabajo.

Conviene recordar que hace poco tiempo (septiembre del pasado año) estuvo a punto de irse al garete el contrato con Arabia Saudí, que suponía 1.800 millones de euros, y que recibiría Navantia por la construcción de 5 fragatas, que garantizaría el empleo en los Astilleros hasta 2022. Este contrato había sido gestionado por el ministro del PP, Pedro Morenés. También la puesta en peligro del contrato que se salvó por gestiones posteriores, se debió al bombardeo del Yemen y puede considerarse una buena actuación pacifista, pero que implicaba, no solo la pérdida del beneficio esperado, sino la devolución de lo ya cobrado que ascendía a 9,2 millones de euros.

Su resolución de ahora es también por escrúpulos pacifistas. Cuando nuestros astilleros intentan firmar un contrato suculento de 16.400 millones de euros con EEUU de América, que en este caso no será de construcción sino de aportación de tecnología, para 20 fragatas, que se construirían en astilleros americanos, nuestra inefable ministra ordena a la fragata española Méndez Núñez, que deje de proteger al portaaviones Abraham Licoln, para no implicarse en la situación de tensión del Golfo Pérsico. La competencia es muy grande y hasta ahora, los astilleros españoles son los mejor posicionados para obtener el encargo, porque lo que buscan los americanos es un modelo de fragata, a partir de un diseño ya probado (el de la fragata Méndez Núñez) lo que les supone ahorro de tiempo y dinero. Las empresas del sector en la Bahía llegan a un acuerdo para aliarse y así formarán UTE, para poder licitar en trabajos, que no se ejecutaran en los astilleros americanos. Dan así un buen ejemplo de unidad. Hasta el momento los americanos no se han quejado de la decisión ministerial de abandonar la labor de protección que tenía encomendada la fragata, pero a nuestros diplomáticos les queda buena tarea para arreglar el entuerto.

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