Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

La decadencia de Cádi

Es un drama local si la Corporación Municipal va con maceros o sin ellos a la celebración del Corpus

Como el personaje de Vargas Llosa: "¿Cuándo se jodió Cádiz?". ¿En qué momento nos convertimos en una ciudad zafia donde la cultura y el cosmopolitismo están mal vistos? Los síntomas de decadencia de la ciudad se acumulan. No sé si fue la pérdida del monopolio del comercio con América, el cese de los vapores correo, la crisis del sector naval, la inauguración del Puente Carranza que llevó aparejada la marcha de la burguesía gaditana a Vistahermosa, el declive del puerto, la inoperancia de los dirigentes políticos. Cádiz ya no es la ciudad culta y cosmopolita que fue, donde floreció el teatro y la prensa, incluso capital del Imperio Español durante unos años. Ahora Cádiz se ha vuelto chabacana, como tantas otras ciudades del entorno, donde es más importante "Sálvame" que una obra de teatro. Nos hemos visto reducidos a Las Tres Cés del Cádiz profundo. Por si fuera poco, hay gente que piensa que esas Tres Cés son la prueba palpable de gaditanismo , en contra de la historia de la ciudad. Poblaciones vecinas no podrán llorar su realidad sobre la historia porque son lo que siempre fueron, la nuestra debería hacerlo cada día. Aquí no hay quejas si cierra una librería pero parece un drama ciudadano que una tienda de artículos de broma, El Millonario, ponga a la venta su local, como si la tierra se abriese bajo nuestros pies. Un genial comparsista de vida irregular le da nombre a un colegio en uno de los ejemplos de lo bajo que hemos caído, cuando unos maestros perpetran semejante atropello al sentido común y a la razón. Un jugador condenado es una leyenda en Cádiz. Un chaval entusiasta, tristemente fallecido, se convierte en icono del cadismo por animar a su equipo con un megáfono. Para colmo a uno que sale cantando en comparsas que se deben al genio creador de otros, le escriben sus memorias, como si fuera Winston Churchill. El problema, claro, no es que se publiquen esas memorias por alguien cuya única virtud es cantar coplas de otros, el problema es que haya gente que lo compre o que incluso cometa la temeridad de leerlas. Que lo haya escrito alguien con pretensiones de intelectual no deja se ser un episodio más .

Por no hablar de que sea un drama local si la Corporación Municipal va con maceros o sin ellos a la celebración del Corpus, en medio de una crisis sanitaria y económica sin precedentes. Otro termómetro de la decadencia imparable de la que fue Emporio del Orbe y ahora se ha convertido en una ciudad chata, sin nervio, sin horizontes y sin grandeza.

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