En tránsito

eduardo / jordá

Sin debate educativo

FALTAN tres semanas para las elecciones andaluzas, pero no se ha visto en ningún sitio un debate de altura sobre nuestro modelo educativo. Y eso es muy grave, porque nada va a cambiar realmente en nuestra comunidad -y en nuestro país- si antes no se cambia por completo un modelo educativo que se ha demostrado inservible. Y hay que insistir en que no se trata de una cuestión de falta de inversiones -como suelen repetir los sindicatos de profesores-, porque está muy claro que nuestro sistema educativo tiene recursos más que suficientes. Es otra cosa.

Cada vez que hablo con profesores que trabajan en la universidad o en los institutos, acabamos llevándonos las manos a la cabeza al comentar las barbaridades que todo el mundo conoce y nadie quiere sacar a la luz, ya sea por prejuicios ideológicos o por miedo a ser tildado de cavernícola (aquí cualquier crítica al modelo actual se considera una muestra de autoritarismo o de clasismo). Pero la verdad es la verdad. Y hay universidades que tienen más profesores que alumnos, por ejemplo, o libros de texto que plantean los temas de forma tan enrevesada que es absolutamente imposible entender lo que dicen. Y además, y eso es algo de lo que nadie se atreve a hablar, los horarios escolares -desde Infantil hasta ESO- están hechos a medida de los profesores, pero no de los alumnos y sus familias, que deben hacer equilibrios dignos del gran Houdini para compaginar el trabajo con los horarios de sus hijos. Y, por último, habría que hablar también de la desaparición progresiva de las humanidades de los planes de estudio, cosa que ha supuesto una dramática reducción de eso que antes se conocía como cultura general. Y por cierto que el auge del infantilismo que se vive en nuestra sociedad tiene mucho que ver con esta desaparición de la cultura humanística.

Nadie se atreve a hablar de estas cosas, porque son incómodas y además exigen remedios muy complejos que nunca obtendrán fáciles réditos electorales, y además supondrían enfrentarse con el statu quo que controla la enseñanza (psicopedagogos, "expertos", sindicalistas que no pisan las aulas). Y así estamos, con miles de alumnos que terminan la ESO o incluso un grado universitario con fallos escandalosos en su formación, a pesar de que se han invertido grandes recursos públicos en ellos. Y al mismo tiempo, con miles de investigadores de primerísimo nivel que no pueden trabajar por falta de medios. Se mire como se mire, una pésima noticia para todos.

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