El cuento del velocípedo

La Zona Franca, en los últimos tiempos, no es capaz de cerrar proyectos atractivos que creen empleo

El pasado 4 de octubre de 2019 publiqué un artículo en esta misma sección, titulado Frenazo al velocípedo, donde comentaba que el proyecto previsto en la Zona Franca estaba de réquiem y visto para sentencia. Asimismo recordaba que esta iniciativa de Torrot seguía la estela de otros proyectos que prometen a bombo y platillo, pero después los ralentizan y a veces ni siquiera son inaugurados. El modus operandi es conocido en Cádiz, y aún más en la Zona Franca. En situaciones extremas se ha llegado a casos tan bochornosos como el de Bahía de Cádiz Competitiva, que sigue pendiente de los tribunales, pero del que se habla poco porque no le interesa al PSOE, y al parecer tampoco al PP.

En el caso del velocípedo no hay irregularidades delictivas, que conste, sino que han dado marcha atrás. Eso sí, después de cobrar 8,5 millones de euros a cargo del plan Reindus, que deberán devolver. El proyecto estaba paralizado desde el verano del año pasado. Ahora han dado el carpetazo definitivo. Se podría recordar que incluso el rey Felipe VI se hizo fotos pilotando uno de los velocípedos en un congreso de innovación y tecnología que se celebró en Sevilla. Por no hablar de los simpáticos actos organizados en la Zona Franca, a los que acudieron autoridades de todos los partidos.

La empresa Torrot, que se anuncia en las camisetas del Cádiz CF, es de origen catalán y tiene una planta en Salt (Girona). Allí es donde van a concentrar toda la producción, tras la entrada de nuevo capital que tuvo lugar el año pasado. Ya entonces se intuía lo que iba a pasar. En octubre de 2019 anunciaron un paro temporal del proyecto del velocípedo en Cádiz, que era una forma de camuflar su decisión de irse.

Es curioso que ahora se quejen de que la Junta de Andalucía no cumplió sus compromisos de incentivos. Al tiempo que se ha aireado que la Generalitat de Quim Torra está dispuesta a facilitar ayudas para que la inversión se vaya a Cataluña. Hay que ser carajotes, por decirlo claro, para creer que la culpa es de la Junta por no darles más incentivos (como si no tuvieran suficientes con el chollo del plan Reindus), en contraste con las buenas ayudas de la Generalitat.

Volvemos a lo de siempre. Las inversiones en Cádiz son para engañabobos, salvo pocas excepciones. La Zona Franca, en los últimos tiempos, no es capaz de cerrar proyectos atractivos que creen empleo en un número apreciable de trabajadores. Una vez más hay que reflexionar y preguntar por qué las subvenciones industriales en Cádiz están condenadas al fracaso.

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