La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

La corte tóxica de Sánchez

Esa desgracia de la izquierda socialdemócrata llamada Pedro Sánchez, que va a dejar como herencia un PSOE reducido a la medida de su narcisismo y su ambición, llama "desgracia de la derecha" al PP. Tras los escándalos que se han sucedido en los últimos días, de momento culminados con la bochornosa comparecencia de Margarita Robles tras servirle a los independentistas la cabeza de Paz Esteban, cuya gestión defendía hace solo cinco días, la comparecencia de ayer de Sánchez fue otra vergüenza más. Efectivamente el PP ha protagonizado gravísimos escándalos que ha pagado en las urnas y padeciendo la crisis de la dimisión de Casado. Pero ahora está en fase de reconstrucción porque, por graves que fueran sus escándalos de corrupción y torpes las políticas de Casado, el partido al menos no carecía de relevos a partir de los que reconstruirse. En cambio, ¿a quién tiene este PSOE como relevo de Sánchez cuando le llegue la hora de las urnas, ya sea cumpliendo su mandato al precio que sea o forzado por la presión de sus socios y la suma de escándalos? No escándalos de corrupción, como los que afectaron al PP, sino políticos. Y muy graves.

Sánchez ha desarrollado en su partido una política de tierra quemada que, de momento, pone difícil una operación de recambio como la protagonizada por el PP con Feijoo. La triste, surrealista, bochornosa comparecencia de una ministra tan estimable como Margarita Robles lo demuestra. Es muy difícil, si no imposible, mantener una posición coherente y digna en la corte de Nerón. Solo sobreviven los Tigelinos que pasan por todo, lo consienten todo, se lo tragan todo, con tal de no perder el favor imperial y, con él, también la cabeza. De milagro la conserva, al menos de momento, Margarita Robles. Y al precio de desdecirse de su defensa de la señora Esteban, de llamar "sustitución" a su destitución forzada por los independentistas y, pese a ello, proclamar su orgullo por pertenecer al Gobierno de Sánchez. Penoso. Todos cuantos no sean Tigelinos con tragaderas descomunales acaban "sustituidos" o como Petronio cuando le escribió a Nerón: "Roma se tapa los oídos por no oírte, y el mundo se ríe de ti y te desprecia. En cuanto a mí, no puedo continuar avergonzándome de tu insignificancia, y ni aunque pudiera lo querría. ¡No puedo más!". El problema es que para avergonzarse hay que tener vergüenza.

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