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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

La corrupción persigue al PP

El mecanismo siempre era el mismo, igual en la Púnica (PP) que en Filesa (PSOE) o la Generalitat (Convergència)

Había logrado Pablo Casado recomponer la figura después de un congreso de división y cainismo y sacar al PP de la depresión de sus peores resultados desde los primeros tiempos de Alianza Popular. Porque los gestionó de bien para arriba hasta acumular más poder territorial que el PSOE gracias a sus pactos con Cs y Vox y devolvió a los populares a la carrera de las nuevas elecciones generales (en las anteriores estuvo materialmente fuera). La derrota en las urnas se volvió potencial victoria.

Las expectativas de Casado quedaron esta semana mermadas, y ya veremos si arrasadas, por algo que persigue al Partido Popular desde hace mucho tiempo: su pasado. El pasado de corrupción que lo atraviesa como una mancha de fango que se propaga de generación en generación y de líder a líder. Una pesada herencia que vuelve por culpa de una Justicia lenta, pero inexorable. La que acaba de imputar a Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes y a más de otros treinta altos cargos, funcionarios y directivos de empresas públicas de la Comunidad de Madrid por financiar, presuntamente, al PP de manera ilegal. Con comisiones por adjudicación de obras, facturas falsas y contratas infladas.

Nada que no hubieran practicado antes otros partidos en contextos semejantes de mayorías electorales prolongadas, etapa de crecimiento económico y debilidad de la oposición. Y siempre pasa lo mismo: los partidos dominantes, que cada vez gastan más en sus estructuras y medios, generan nuevos mecanismos de financiación basados en su control de las administraciones públicas, la complicidad de los empresarios (o su necesidad de satisfacer las exigencias del sistema establecido) y los consiguientes actos de malversación, prevaricación, cohecho, tráfico de influencias y falsedad documental. Todo valía si era por el interés del partido en el poder, sea local, provincial, autonómico o estatal. La Púnica fue para el PP lo que Filesa había sido en su día para el PSOE y las tramas colgadas de la Generalitat para Convergència. Incluso se repiten las peripecias individuales en torno a la corrupción política: el dinero va a las cajas de los partidos, pero en el camino siempre hay fontaneros engolosinados con lo que pasa por sus manos que deciden quedarse una porción del pastel. Por el sacrificio que hacen, mayormente.

Todavía no ha pagado del todo el PP por este dopaje con el que acudió a varias elecciones. Es lo que preocupa a Casado.

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