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Siempre se ha dicho que las copias son peores que los originales. Pablo Casado, al que su apellido le ha servido para ser escarnio de todo tipo en las redes sociales tras sus pobres resultados electorales, ya no quiere ser copia. Ayer mismo tildó a Vox de ultraderecha tratando de marcar una distancia que se hizo mínima hasta que los resultados de las elecciones le han explotado en la cara. Salirse del camino marcado da muy poca credibilidad cuando no viene por convencimiento sino por estrategia electoral. El problema es que lo de antes también podía ser un asunto de estrategia aconsejada por ese gurú de los populares que nunca ha sabido dar el paso al lado como ha sido Aznar. Casado lo apostó todo intentando recuperar al electorado que se le había ido a Vox, sin medir que una buena parte de sus votantes estaban mucho más al centro. Al final no ha recuperado a unos y se le han fugado otros. La consecuencia es el fracaso.

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