Editorial

La contradicción de Pedro Sánchez

COMO era fácilmente previsible, Pedro Sánchez no consiguió ayer sumar ningún apoyo después de su discurso de investidura. Y no porque su intervención fuese mejor o peor, sino porque las posturas de todos los partidos ya estaban claramente definidas antes de escuchar al líder socialista en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Aun así, podemos decir que la alocución del secretario general del PSOE fue más bien mediana y que en nada ayudó a la posibilidad -por remota que ésta pudiese parecer- de un cambio de posición por parte de alguna fuerza política a su derecha o izquierda.

En primer lugar, el discurso de Pedro Sánchez encerró una gran contradicción: su continuado llamamiento al "diálogo" y al "acuerdo" mientras, simultáneamente, apostaba por marginar de estos nobles conceptos al partido que ganó las elecciones y que fue votado por 7,2 millones de ciudadanos, el PP. Esta evidencia la intentó solventar el líder socialista con una pirueta verbal: "La minoría mayor no es una mayoría". Cierto es que, con los resultados electorales en la mano, se puede concluir que la mayoría de los españoles no quieren que el actual presidente en funciones, Mariano Rajoy, repita en el Gobierno, pero por esta misma lógica los ciudadanos apoyan mucho menos a un partido como el PSOE, que obtuvo peores resultados que el PP el pasado 20 de diciembre. Pedro Sánchez cayó en su propia trampa cuando convirtió el discurso en una especie de plebiscito contra Rajoy y olvidó que la formación de un Gobierno es mucho más que un sí o un no a una persona determinada. No se pueden decir cosas como que "estamos obligados a mezclarnos", "tenemos que hacer mestizaje ideológico" o "la uniformidad empobrece y el mestizaje enriquece" y a continuación trazar un cordón sanitario alrededor del principal partido del Parlamento. Es una contradicción insalvable.

Por lo demás, Sánchez presentó un proyecto de Gobierno claro y convencionalmente socialdemócrata con algunos guiños izquierdistas que no consiguieron atraer a Podemos. Asimismo, obvió uno de los puntos principales de su acuerdo con Ciudadanos, la supresión de las diputaciones provinciales, lo que veremos si a la larga le trae problemas con la única fuerza que se ha comprometido a apoyarlo. Entre los aspectos más positivos del discurso destacó su defensa de la "causa común" que es España", concepto que definió como "una idea de igualdad, libertad y fraternidad, una forma de convivir unidos en nuestra diversidad". Estas palabras alejan, aunque de forma muy retórica, posibles maniobras que puedan dañar la soberanía popular de todos los españoles.

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