Por si a alguien le quedaban dudas de la afición de Vox por las galopadas - por ahí anda el vídeo de Santiago Abascal a lomos de un brioso corcel proclamando la Reconquista-, el documento con exigencias maximalistas que le presentó el martes al PP lo confirma plenamente. Se subieron al caballo y picaron espuelas. Aunque tampoco llegaron demasiado lejos: no les convenía. A nadie se le oculta que las negociaciones para desalojar al PSOE de la Junta de Andalucía han tenido mucho de escenificación por todas las partes -que son tres- y se ha hecho mirando sobre todo a las elecciones de mayo y las generales que un ahogado Pedro Sánchez podría convocar cuando más distraídos estén los demás. Esa escenificación ha pasado por Ciudadanos haciendo de dama ofendida, que no quiere saber nada del primo chuleta y arrogante que acaba de llegar a la familia, mientras el PP templaba gaitas para convencer al díscolo de que se comportase como debía. El final de la obra era perfectamente previsible y, tras algunos episodios más o menos chuscos, todos contentos.

Vox ha utilizado sus doce escaños de oro para darse a conocer y fijar postura en un año electoral que debe ser el suyo. Ha aplicado, como se ha apuntado en los últimos días, las técnicas de penetración populistas diseñadas por Steve Bannon para la campaña de Trump y que se utilizaron con éxito en el Brexit: programa de máximos y medidas claramente exageradas con el objetivo de ocupar todo el espacio en las redes sociales y los medios de comunicación y condicionar la actuación de sus rivales.

En esta extraña negociación -lejos de Andalucía y con ausencia clamorosa de los dirigentes andaluces- se han retratado todos. El PP tendrá que medir si ha dejado a Vox entrar hasta la cocina con su caballo o incluso si lo van a dejar que se instale en el dormitorio. En cualquier caso, paga un precio para sentar a Juanma Moreno en el sillón que hasta ahora ocupaba Susana Díaz. Le ha merecido la pena. Peor lo tiene Ciudadanos, que, a pesar de sus intentos por hacer ver que nada que tenga que ver con Vox tiene que ver con ellos, va a quedar marcado como socio parlamentario de los que querían devolver competencias a Madrid o quitar el 28 de febrero para poner el 2 de enero como día de Andalucía.

Con estos mimbres se ha llegado a los acuerdos firmados ayer en el Hospital de las Cinco Llagas. El Gobierno que salga de esta triple alianza no lo va a tener fácil y la legislatura, dure lo que dure, será tan frágil como entretenida.

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