La tribuna

Juan Pablo Pérez-bustamante Mourier

El cole, primer medio de relación social

EN el patio del colegio hay niños y niñas altos y bajos, gordos y flacos, con gafas y sin ellas, fuertes y débiles y más o menos viriles o femeninos. Cuando hablo con otras personas resulta que todos han tenido en su clase niños y niñas de todo tipo y se han producido abusos similares a los que yo presencié. Los niños son inocentes, crueles y muy susceptibles para actuar en manada y además… son los adultos del futuro. La mezcla de chicos y chicas en clase logró que, en la mayoría de los casos, nos viéramos unos a otros como personas normales, con sus especialidades. Por eso creo que es importante que toda la educación en igualdad se base en la mezcla de estratos sociales y culturas diferentes, para que la infancia y la juventud se vean unos a otros dentro de la normalidad. Si los niños y niñas se consideran superiores o inferiores a otros y no salen de esta dinámica, los problemas surgirán en el presente y persistirán en el futuro.

Pero ¿por qué digo todo esto? En mi tarea como inspector de Trabajo he tenido que investigar muchos supuestos de denuncias por atentados contra la dignidad y acosos. En todos aquellos casos, que no son la mayoría desafortunadamente, en los que se logra probar la existencia de conductas vejatorias, sí hay coincidencia de los rasgos de las personas que practican y padecen los acosos. Aunque no es mi campo profesional, lecturas y conversaciones con psicólogos del trabajo, médicos y prevencionistas han venido confirmando con terminología técnica lo que yo veía detrás de los acosos: complejos, frustraciones, insatisfacciones, etcétera.

Por parte de la psicología clínica y la sociología se han establecido perfiles de personas propensas a realizar actos de acoso y también propensas a ser víctimas de los mismos. En todos los casos se llega a una conclusión, que debe suponer una gran reflexión: lo que es seguro es que todas las personas podemos ser testigos de supuestos de acoso y presenciar actos de carácter vejatorio e injusto para la dignidad de otras personas. Por ello es absolutamente necesario trabajar el campo de la reacción frente a aquellas conductas que percibimos son injustas y violentas, pues el silencio es el mayor aliado de los acosadores, ya que se llega a convertir en complicidad, por acción u omisión.

La mayor parte de la personalidad de un adulto se forma durante su infancia y juventud. Cualquier déficit no tratado en su momento se puede convertir en una bomba de relojería en situaciones de tensión, tanto en la infancia y juventud como en la edad adulta. Creo, por tanto, absolutamente necesario que dentro del proceso educativo haya una formación específica para profesores y alumnos en materia de protección y respeto de la dignidad de las personas, impartida por técnicos especializadas en esta materia. Del mismo modo que en las empresas se trabaja la prevención de riesgos laborales, se debe abordar en las escuelas la prevención de riesgos escolares.

Se observan aspectos comunes muy importantes a tratar en los supuestos de riesgo de bullying y mobbing, utilizando la terminología actual:

Como factor externo, encontramos todo el conjunto de valores y normas de una sociedad que ejercen una influencia negativa en la cultura de una organización.

Desde el punto de vista de los perfiles, las personalidades narcisistas, paranoicas y las personas atípicas que no se granjean una buena red de alianzas o una buena red de relaciones sociales se observan tanto en la infancia y juventud como en la edad adulta.

El origen del acoso discriminatorio se puede producir por los mismos motivos, tratándose de un rechazo próximo a la discriminación (sexo, color de piel, etcétera).

Los decálogos a introducir en colegios y empresas han de basarse en los mismos principios: evitar agresiones, insultos, amenazas, chantajes, no aislar y ser un grupo y pedir ayuda ante los abusos.

En definitiva, nos situamos en la definición de la dignidad que nos provee el DRAE: gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse. Quiero con todo ello decir que todos los riesgos que se prevengan en la infancia contribuirán a evitar daños en la infancia, en la juventud y en la edad adulta.

Me quedo finalmente con la estupenda frase del escritor Milan Kundera:

"Los niños no son el futuro porque algún día vayan a ser mayores, sino porque la humanidad se va a aproximar cada vez más al niño, pues la infancia es la imagen del futuro".

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