El objetivo indiscreto

Las colas del hambre no tienen fin

Varios carritos de la compra, que no tienen qué comprar porque no hay dinero. Se apilan en la entrada de la asociación de vecinos de Santa María, en Cádiz. Pero podría ser en cualquier otra de la capital y del resto de la provincia. Es la persistencia de las colas del hambre, de familias necesitadas que han visto incrementar la precariedad en la que muchas ya vivían con el azote de la pandemia, que ha arrasado nuestra salud y nuestra economía. Los carritos ya no están solo a las puertas de los centros asistenciales. Se desbordan por la ciudad y acuden a sus asociaciones de vecinos que, como esta de Santa María, sirven de enlace para llevar por lo menos los alimentos más esenciales.

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