La azotea

Manolo / Fossati /

La ciudad que dejó de sonreír

ANTIGUAMENTE, un representante era alguien que intentaba vender cosas, que alababa sus cualidades y que siempre aparecía con su mejor sonrisa. Muchos clientes sabían que era falsa, pero no le hubieran perdonado que hiciera su trabajo sin sonreír. No sabemos, aunque lo dudamos, si Cádiz fue realmente alguna vez "la ciudad que sonríe", pero últimamente sus representantes (políticos) se están poniendo la mar de desagradables con los forasteros. Hace unos días el Ayuntamiento, olvidando su risueño eslógan, declaró persona non grata al comisario europeo Almunia por imponer a los astilleros la devolución de ayudas, y ahora un partido ha pedido que se haga lo propio con el ministro Montoro por la concesión de una zona franca a Sevilla. Habría sido más elegante y más gaditano un irónico cuplé. La bofetada, si se pretendía, habría sido sin manos y, además, sin dejar de sonreír.

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