DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

La política, dicen algunos maliciosos, es ese juego en el que siempre gana el PNV. De ahí el aire de tranquilos caballeros que suelen lucir los próceres del Euzkadi Buru Batzar. Hay colonias que siempre huelen a victoria, pero no es el caso de Pedro Sánchez, que a estas alturas ya sabe el verdadero y doloroso significado de palabras que antes pronunciaba con alegre frivolité: España plurinacional, geometría variable, Gobierno de Progreso… En medio de la crisis más grave que se recuerda desde la Guerra Civil, el presidente se encuentra con una doble división: la de su Ejecutivo, que ha producido numerosas contradicciones durante toda la pandemia; y la del Parlamento, que se ha convertido en un endiablado tetris al que Sánchez se ve obligado a jugar de manera insomne.

La primera de las divisiones, la del Consejo de Ministros, se hará más evidente en tanto vayan pasando los meses y la tormenta socioeconómica desgaste el Estado del Bienestar de una manera que todavía es difícil de calcular. No puede ser de otra manera. Llegará el desplome de los ingresos fiscales y el aumento exponencial del gasto social, y saltarán chispas entre un partido que, todavía, se considera heredero de la socialdemocracia clásica, y otro que muestra un desacomplejado neoleninismo tras ingerir un extraño cóctel de ideas de Zizek y Carl Schmitt. ¿De qué hablarán Nadia Calviño e Irene Montero en los previos a los Consejos de Ministros? Probablemente de nada, como en su día Guerra y Semprún.

La segunda división, más bien atomización, es la que se observa en el Parlamento. Tanto que el Gobierno está sufriendo lo indecible para conseguir la continuidad del estado de alarma. El PP ya ha roto las débiles amarras que le unían al Ejecutivo en esta crisis y ERC es un partido cuyos cambios de humor le hacen tan incomprensible como la caprichosa protagonista de una comedia de enredo (doblada a l'català, és clar). Así las cosas, el último conejo que se ha sacado el mago Sánchez de la chistera es haber conseguido el apoyo conjunto de Ciudadanos y PNV para lograr la prórroga. De la geometría variable hemos pasado a la geometría mágica. La chistera, señor Sánchez, es la que me quito yo ante usted.

Otra cosa, claro está, es cuánto tiempo tolerará Podemos esos flirteos de socialistas y naranjas. El odio de los morados a Ciudadanos es atávico. Quizás Pablo Iglesias nunca le perdonó a Albert Rivera que dedicase su juventud a la movida nocturna en vez de a leer a Laclau. Quién sabe. Lo único cierto e incontestable es que, como decíamos, el PNV gana. Para variar.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios