joaquín Rábago

Unos por otros, la casa sin barrer

NO me refiero con el título de esta tribuna a si las calles de El Puerto están en perfecto estado de revista, aunque habría que discutir también de ello y responsabilizar, aquí como en cualquier otro lugar, no sólo al Ayuntamiento o a las empresas encargadas de la limpieza, sino también a los propios vecinos.

Tenemos en efecto muchas veces los españoles una relación, llamémosla "difícil", con la cosa pública sin llegar a entender que lo público es por su propia definición lo de todos y por tanto todos nos incumbe una cierta responsabilidad en su mejor conservación.

Me refiero esta vez a las quejas que uno escucha continuamente cuando habla con quienes tienen alguna propiedad o algún negocio en esta ciudad, que tuvo un día fama de elegante y hoy parece sólo una sombra de lo que fue.

Y todas ellas se resumen en la dificultad de cualquier iniciativa por culpa de la excesiva burocracia, que hace que desistan desesperados muchos que arriesgan su dinero y que podrían contribuir a cambiar la faz del casco histórico, tan descuidado por los sucesivos gobiernos municipales.

Puede resultar aburrido, por más que necesario, quejarse una vez más en las páginas de este diario del lamentable estado de muchos edificios de un centro urbano que fue declarado un día conjunto histórico-artístico, lo cual parece exigir un cuidado especial.

Y, sin embargo, ¿qué vemos? Fachadas con grandes desconchados, edificios que amenazan en algunos casos ruina y obligan al Ayuntamiento a apuntalarlos o vallarlos para impedir que un trozo de balcón se caiga sobre la cabeza de quien pasa por debajo.

Sabemos que en el pasado existió, por ejemplo, la obligación anual de pintar o encalar las fachadas para que presentasen el mejor aspecto al visitante.

Pero de nada sirve eso si no va acompañado de los necesarios permisos. Hemos hablado de este estado de cosas con dueños de tiendas, de restaurantes y otros establecimientos, y escuchado más o menos siempre lo mismo: "Es que hemos solicitado autorización para pintar hace ya meses y todavía seguimos esperando".

Uno conoce también casos de personas que han querido abrir algún un pequeño negocio de restauración de cara al verano, se gastaron varios miles de euros en las gestiones previas y se encontraron con que pasaba la temporada sin obtener respuesta.

"Es que todo tiene que pasar por Cultura de Cádiz", dicen unos. Otros culpan a los funcionarios del Ayuntamiento, de la Junta o de donde sea, de no tratar con la debida urgencia los asuntos que se les plantean y que para ellos son inaplazables.

Y hay quienes responsabilizan sobre todo a los políticos municipales porque, dicen, no se atreven a tomar decisiones en asuntos que no conocen a fondo, pero al mismo tiempo no meten tampoco prisa a los expertos que deben resolverlos.

A uno le cuesta entender en cualquier caso por qué algo tan urgente como el llamado Plan Especial del Centro Histórico lleva años atascado uno no sabe bien dónde y parece que no vaya a llegar nunca.

Algo totalmente incomprensible cuando todo el mundo con el que uno habla se queja de que sin ese plan no se pueden acometer los trabajos de acondicionamiento necesarios en muchos edificios para mejorar su habitabilidad o permitir su explotación comercial.

"Sería bueno que los políticos que deben decidir esas cosas se pusiesen en el pellejo de cualquier emprendedor. Verían por lo que tenemos que pasar", comentan algunos.

Es inexplicable en efecto que mientras en sus paseos por el centro uno ve un sinfín de establecimientos cerrados por la crisis, desde el Ayuntamiento todo sean pegas cuando alguien trata de abrir uno nuevo o hacer ciertas mejoras en el que ya tiene.

Ya está bien, dicen muchos, de que los políticos recurran una y otra vez a esas frases hechas del tipo de que "hay que poner en valor" esto o aquello. Poner en valor ¿cómo?, ¿con qué instrumentos? Y ¿en qué plazos?

Se dice, por ejemplo, que el futuro de El Puerto es el turismo cultural y gastronómico y se insiste también en que su mayor problema es la despoblación de su centro histórico, pero todo parece quedarse en eso: declaraciones, cuando lo que hace falta son medidas urgentes para ponerle remedio o al menos facilitarles la tarea a quienes lo intentan.

Para terminar con una nota positiva y esperanzadora, justo es destacar una iniciativa como el Primer encuentro de la sal y el estero, unas jornadas gastronómicas que, de la mano de los mejores hosteleros y restauradores de la ciudad, se desarrollan del 11 al 13 de septiembre en el Castillo de San Marcos y en las que se reivindicará la cocina y las materias primas autóctonas como señas de identidad de esta tierra agrícola y marinera.

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