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Su propio afán

Los campamentos

Ante esta crisis, además de copiar medidas, también hay que buscarlas nuevas y audaces

Los optimistas tenemos fama de fantasiosos, pero vemos la realidad milimétricamente. ¿O acaso no lleva el célebre vaso medio lleno que nos caracteriza la palabra "medio" en mitad de su nombre, remitiendo a la otra mitad, a la vacía, que no mentamos por delicadeza? Por eso, cuando escribía lo bien que se lo están pasando los niños con sus padres durante este confinamiento, matizaba que era la regla general, pues hay excepciones muy duras; y dejaba caer que los padres ya éramos otro cantar.

Uno, en un arranque de desesperación por el teletrabajo en el que no hay manera, me soltó: «Deberían hacerse campamentos para infectar a todos los niños del mundo adrede -total, no les pasa nada-, y después abrir de una vez los colegios».

Él lo decía como desahogo, pero así son las tormentas de ideas. Ex abrupto lux. Si se piensa, la idea ofrece varias ventajas. Hay voces preocupadas porque a los niños, a los que esta enfermedad terrible respeta milagrosamente, en cambio el confinamiento les esté produciendo estrés, aislamiento y obesidad. Por otro lado, si ellos pasaran el coronavirus quizá conseguiríamos antes la inmunidad de grupo. También supondría beneficios para tantos hoteles y lugares de ocio que ahora están cerrados. Los monitores podrían ser quienes ya hayan pasado la enfermedad. Un campamento recio que les endurezca un poco a estas pobres criaturas inocentes sería muy conveniente. Ellos tendrán que cargar sobre sus hombros una abusiva deuda pública.

Estoy convencido de que este plan tan redondo debe de tener fallos obvios que desconozco y, por otro lado, no me gustaría separarme de mis niños en estas circunstancias, aunque no me dejen teletrabajar como quisiera. ¿Entonces para qué lo expongo aquí? Porque me parece una ocurrencia brillante en su extravagancia y, sobre todo, porque tenemos que ir pensando soluciones imaginativas para hacer frente a una crisis que, en lo sanitario, en lo económico, en lo político y en lo social, no se parece nada de nada a nada de lo anteriormente vivido.

Percibo cierta parálisis en las propuestas y casi todo se limita a mirarnos con ansia de reojo unos países a otros para ver qué nos podemos copiar. Lo que está bien, si funciona algo, pero estaría mejor si también pusiésemos el ingenio que nos sobra en España a trabajar a pleno rendimiento, sabiendo qué queremos salvar, qué no queremos sacrificar y qué estaríamos dispuestos a intentar.

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