Cateto a babor

Los camarero-árbitros

Algún día también habrá que salir a aplaudirles desde los balcones... o desde las terrazas, que es más propio

Siempre he sentido una profunda admiración por la profesión de camarero. Tratar con el público es muy complicado y además nunca sabes cuando va a surgir una sorpresa. Para colmo trabajas cuando los demás se están divirtiendo y siempre tienes que estar contento o parecerlo, aunque por dentro estés de los nervios. Para colmo no es una profesión bien pagada, para que nos vamos a engañar.

Pero si de por sí la labor del camarero es complicada, con esto del Coronavirus la situación es aún más difícil para ellos. Ahora su función no es sólo la de camarero, sino que también ejercen como una especie de árbitro que está atento a que se cumpla el reglamento: Impedir que en las mesas haya más gente de la permitida, no dejar que se paseen por el restaurante sin mascarilla y, lo que es peor, lo de los horarios.

El público tiene ahora ganas de bares. Coge uno y es como un niño con un osito de peluche, no lo quiere soltar. La situación se va volviendo más peligrosa cuando más tiempo está alguien sentado en un bar, sobre todo si después del almuerzo empiezan las copas y con ellas la gente se vuelve mucho más cariñosa y comienzan a incumplir esa regla de la distancia social.

En todos esos momentos tiene que aparecer el camarero en su función de árbitro en este partido que estamos jugando contra el Coronavirus. No todo el mundo se toma bien que lo amonesten, que le recuerden el mundo de las obligaciones y los camareros tienen que aguantar grandes broncas por recordar a los presentes las normas, que simplemente por responsabilidad debería guardar todo el mundo sin necesidad de que lo amonesten.

Ya luego vienen los de la libertad. Estos que ante cualquier limitación por el Coronavirus apelan a este derecho como si fueran la versión con jarra de Cruzcampo de Juana de Arco.

Lo de desalojar el establecimiento es otro numerito. Los camareros comentan que los clientes no se quieren ir y tienen que prácticamente obligarlos a que se levanten. La cosa es aún más espinosa cuando son clientes de toda la vida.

Es cierto que muchas profesiones están sufriendo mucho con el Coronavirus pero lo de los camareros y su particular Pandemia también merece contarse con detenimiento. A lo mejor, algún día, también habrá que salir a aplaudirles desde los balcones…o desde las terrazas, que es más propio.

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