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Todos calvo

Todo va tan rápido que la actualidad no se ciñe a los ritmos parlamentarios ni a los planes políticos

DIXIT Carmen Calvo que es una vergüenza total que estemos hablando de la tesis de Pedro Sánchez y no de Franco. Nos abronca con un gesto agrio: "Lamentable que el día que estamos decidiendo la exhumación de los restos de Franco, las derechas quieran hablar de otra cosa. Lamentable, completamente inentendible. Vergonzoso…" Toca Franco. Franco, Franco, ¡Franco! Hemos de olvidar la tesis. Qué indisciplina del pueblo soberano que no sigue al paso de la oca los dictados de los luchadores sobrevenidos contra la dictadura.

Hay que entenderla. Tiene que ser duro trabajar mucho para un efecto mediático y publicitario y que cuando llegue el gran momento todo el mundo esté mirando hacia otro lado, y hacia el lado que menos te interesa, encima. Más duro aún debe de ser darte cuenta de que es el signo de los tiempos. Todo va tan rápido que la actualidad no se ciñe a los ritmos parlamentarios ni a los planes políticos. No es ya que las noticias se queden viejas al poco de ocurrir: nacen ya viejas, discutidas, amortizadas.

Para Carmen Calvo, mascarón de proa de la vieja (con perdón) política socialista e intervencionista, ha de resultar frustrante. Ya no es en cien años, sino en diez días, todos calvos. Con ese ritmo, bastante han mantenido lo de Franco en el candelero y, además, han logrado la auto humillación del PP y de Ciudadanos absteniéndose. No debería quejarse.

Si ahora el tema es el doctorado del doctor Sánchez, la cosa, por mucho que se ponga como se ponga, no tiene remedio. Según un adagio chino, lo malo de cabalgar un tigre es que no te puedes bajar. Quien cabalga sobre las corrientes mediáticas de la convulsa actualidad tampoco puede descabalgarse o decirnos a qué pesebre tenemos que dirigirnos mansamente. El tigre del presente es carnívoro y salvaje.

Descolgado del debate político, aislado ya de la discusión ideológica, la exhumación se queda en un revanchismo contra un cadáver que da grima, que dibuja -sensu contrario naturalmente-las dimensiones de quien España no ha sabido olvidar y consiste en una profanación de una basílica católica que no defiende prácticamente nadie. Quizá Carmen Calvo, que puede ser más lista de lo que parece, no se enfada sólo porque hablemos del doctor Sánchez, sino que presiente que la polémica cubría lo de Franco con una espesa cortina paradójicamente pudorosa. Ahora, sin que la sociedad se ciegue con la discusión, el efecto es peor.

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