Calle ancha

José Ramón del Río

La calle arbolí

ESTA calle desemboca en la c/ Compañía y frente al bullicio de esta última calle, una de las más transitadas de Cádiz, por la abundancia de comercios, considerada como calle de la buena suerte, porque no tenía número 13 y con una rica historia, porque por ella desfilaba la Compañía de Armas desde el cuartel de Santa Catalina, camino de las murallas, en los cambios de guardia, la calle Arbolí, que comienza en la c/ San Juan, esquina Desamparados, se consideraba una calle de mucho malaje, porque en todo el largo de ella, no había lugar alguno para que el caminante pudiera refrescarse. En la calle hubo un colegio, que hoy es conservatorio de danza, que tenía un teatro, que no se me olvida porque allí muy de niño, actué en una función.

Para remediarlo, un gaditano, Urbano Fernández Torres, en 1956, abrió una taberna a la que puso de nombre "Sorpresa", por la agradable que recibía los que por ella transitaban. Después otro gaditano viñero, Pepe Terrero Vargas, la regentó durante 53 años hasta su jubilación, con más de 80 años, que él llamaba "anticipada". La taberna era una clásica de Cádiz, donde solo se servía vino, preferentemente de las botas que decoraban el establecimiento y que contenían vinos de Chiclana y manzanilla de Sanlúcar. Las tapas había que traérselas de los freidores de la Plaza de las Flores y las chacinas del ultramarino de Soriano, esquina de la c/ Compañía. Para que no hubiera dudas de que se estaba en Cádiz se trajo las mesas con tapas de mármol y pies de hierro fundido, que tenía el bar "las Banderas", de la c/ San Pablo, que regentaba Jesús, devoto de la cofradía de la Misericordia.

Desde 2013, la taberna la lleva otro gaditano, Juan Carlos Borrell, que fue visitador médico y delegado de una importante marca de Barbate, de productos de atún. El establecimiento conserva la misma decoración, con barra alta, botas de vino y techos de viga. Le ayudan en su tarea, Andrea y Ana, que nunca pierden la sonrisa y que han aprendido de Juan Carlos a preparar el atún crudo, con condimentos que no anulan, sino que potencian su sabor. Su tartar es sobresaliente y como hoy está muy de moda, para mí, es de los mejores, si no el mejor. Otra maravilla son las huevas de atún, amén de otras salazones, que no describo para no entrar en competencia con Monforte, que por cierto, en sus "Cosas de comé", ya se ha ocupado de esta taberna. Si a la calidad de los productos, al buen trato y simpatía, se unen, unos precios más que moderados, de unos alimentos que son caros de origen, hay que convenir que el nombre de la taberna "Sorpresa", está bien puesto y no hace falta añadir que esa sorpresa es agradable.

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