Yo te digo mi verdad

A cabezazos

El nacionalismo es un armazón intelectual de supremacistas que, por desgracia, muchas veces se viste de reivindicaciones legítimas

Apesar de lo que dice el PP, no podemos pensar en serio que las elecciones en Cataluña no nos conciernen, por más que el hartazgo nos pueda llevar, comprensiblemente, a pensarlo; a sentirlo, más bien. Estos comicios, a mi modo de ver, no han traído más que malas noticias. La principal es que el nacionalismo no muere, sino que sigue bien arraigado en mucha gente. El nacionalismo, esa idea que pudo tener efectos beneficiosos en otros tiempos cuando ayudó a sacudirse tiranías, imperios caducos y un sistema social inamovible, corrupto y corrompido, es en los países como el nuestro y utilizando la caricatura, un ideario de "ricos que no quieren que les roben los pobres". Es un armazón intelectual de insolidarios y supremacistas que, por desgracia, muchas veces se viste de reivindicaciones legítimas. Ocurre en Cataluña cuando portaestandartes de la izquierda culpan a España, así en general, o a Madrid en particular, de las injusticias sociales, y no se dignan a mirar a sus propios plutócratas, la alta burguesía.

En las huestes de los nacionalistas incluyo, por supuesto, a Vox, defensores de una sagrada e impuesta unidad de pensamiento en una patria a ultranza, desmentida por hechos tan claros como los mismos resultados de este pasado domingo. Los resultados espectaculares del partido de Santiago y cierra España son otra malísima noticia, puesto que van a engrosar la idea de que contra una cerrazón sólo vale otra. Y de dos cabezas duras sólo cabe esperar que diriman sus diferencias poniendo a pelear a cabezazos la resistencia de su mollera.

Cada vez que las urnas ponen de manifiesto que este conflicto permanece inalterable en realidad están diciendo que se agrava. Y ya va siendo hora de que todas las partes, y aquí me refiero a las que conservan algo de su capacidad de pensar, se dejen de retóricas en torno al concepto de nación y atiendan a la necesidad urgente de encauzar la discusión. Y eso para mí quiere decir que unos deben abandonar toda idea de declaraciones unilaterales de independencia y propósitos de reincidencia en el delito, y los otros deben atender con claridad de mente a soluciones duraderas. Y estas pasan, me temo que irremediablemente, por el referéndum pactado y legal, con condiciones acordadas bajo el paraguas generoso de la Constitución. Para acabar de una vez por todas con unos cabezazos que sólo provocan un inmenso dolor, cuando no brechas y daños cerebrales irreversibles.

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