No me dejan comer menudo desde queme llegaron los resultados de la última analítica de sangre. No puedo beber demasiado líquido para que la tensión no se me suba demasiado. No me dejan comer todo el turrón de Suchard que me gustaría (la verdad que lo que me gustaría suena a pecaminoso) para no coger más kilos de la cuenta. Y ahora vienen a prohibir otro de los gustazos que uno se permite de vez en cuando: recomiendan no chupar la cabeza de las gambas. Eso no se lo ha creído ni quién. Dicen que las vísceras de los mariscos contienen niveles de cadmio que pueden superar lo recomendado. Menos mal que en seguida han salido otras teorías que contradicen a esta primera, dejando en el aire esta prohibición al menos hasta después de la Navidad. Yo, mientras aclaran esta nueva alerta, seguiré poniendo a prueba mi organismo porque he llegado a la conclusión de que el cadmio no está tan malo como dicen. Sabe a marisco.

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