DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El buen recuerdo de Lilí Romero

El paso por el mundo de Lilí Romero de Solís no podía menos que dejar la estela de este bello libro

C OMO un regalo anticipado nos llega Nombre entre nardos. Cecilia Romero de Solís (1950-2018), homenaje a la que fuese mujer del poeta, académico y traductor de Petrarca Jacobo Cortines, recientemente fallecida en su casa de la calle Armenta, uno de los cada vez más escasos paraísos cercados que aún se pueden encontrar en el sevillano barrio de San Bartolomé. De alguna manera, el libro nos recuerda a esos álbumes que completaban las jóvenes elegantes y cultas del XIX con poemas, dedicatorias y dibujos de sus amistades artísticas y literarias, muchos de los cuales son auténticas obras de arte e ineludibles documentos para reconstruir la historia cultural del siglo que vio a Espronceda y Larra. De igual modo, Nombre entre nardos recoge textos, ilustraciones, fotografías e, incluso, partituras musicales de algunos de los familiares, escritores y pintores que frecuentaron la compañía de Cecilia Romero de Solís (Lilí) y Jacobo Cortines: Ignacio F. Garmendia, Andrés Trapiello, Juan Lamillar, Alberto González Troyano, Eva Díaz Pérez, Felipe Benítez Reyes, Diego Romero de Solís, Carmen Laffón, Manuel Busto, Juan Suárez, Ignacio Tovar y un largo etcétera. Como emotivo colofón, un puñado de poemas amorosos que el propio Jacobo Cortines dedicó a su esposa durante sus 45 años de matrimonio (Qué de Petrarca sin su Laura amada?/ ¿Y qué de Nemoroso sin Elisa? ¿Qué de tantas anónimas parejas? ¿Y qué, pobre de mí, qué hubiera sido/ sin ti, Cecilia, de celestes ojos?). Es, en definitiva, una gentil miscelánea de recuerdos y destellos de profundo aprecio que dejan constancia de una mujer que amó con delicadeza nipona a las plantas y ternura franciscana a sus perros; que tuvo en la amabilidad y la levedad dos señas de identidad fácilmente reconocibles incluso para los que tuvimos con ella un trato superficial y apresurado.

El paso por este mundo de Lilí Romero de Solís no podía menos que dejar la estela de este bello libro elaborado con amor artesanal y gusto cardenalicio, fruto de los trabajos y desvelos de Ignacio F. Garmendia y Manuel Rosal, quienes junto Jacobo Cortines han levantado con dedicación caballeresca y savoir-faire de menestrales este monumento final, esta buena memoria de la que fuese inolvidable compañera y amiga, para que no olvidemos la lección que escribió William Wordsworth en su Oda a la inmortalidad y nos susurró Natalie Wood en la oscuridad de los cines: "No debemos afligirnos, porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo".

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios