tribuna libre

Joaquín Rábago /

El buen paño no sólo en el arca se vende

LOS españoles parece que nos tomamos con demasiada frecuencia al pie de la letra el viejo refrán según el cual "el buen paño en el arca se vende", lo cual nos evita hacer esfuerzos en algo que parece dársenos mucho peor que a otros pueblos: la publicidad de lo propio que no de lo ajeno.

Uno, que por razón de su profesión de periodista ha vivido más de la mitad de su vida en otros países, se ha irritado muchas veces por lo mal que sabemos vendernos fuera y el resultante desequilibrio en campos como puede ser el de la información cultural.

Cualquier lector de prensa española está fácilmente al tanto de las exposiciones que a lo largo del año organizan, por ejemplo, los museos londinenses, desde el British Museum hasta la Tate, pasando por la Royal Academy of Arts e incluso instituciones de menor importancia porque los corresponsales españoles en esa capital informan puntualmente de las mismas.

Y, sin embargo, difícilmente se encontrará en los medios británicos o de otros países europeos referencia alguna a las muchas veces mejores exposiciones que organizan no ya sólo el Prado, el Thyssen o el Reina Sofía, sino también fundaciones como March, Mapfre o Caixaforum.

Todo esto le vino a quien esto escribe el otro día a la mente a propósito de la exposición de la famosa serie de Los Desastres de la Guerra, de Goya, que puede verse estos días en el patio central del Museo de Cádiz. Es una exposición excelente en todos los sentidos, y es un gran acierto que los impactantes grabados de Goya vayan siempre acompañados de comentarios que tratan de arrojar alguno de luz en las muchas veces enigmáticas imágenes del genio aragonés.

Lo chocante, sin embargo, es que no haya en toda la amplia fachada del museo o en la plaza donde se ubica, un simple cartel que informe a quien pasa por allí de ese tesoro gráfico y que le invite a entrar y admirar lo que en su interior se expone.

Organizar una exposición así cuesta dinero y pareciera lógico que se tratara de atraer al mayor número de visitantes, incluidos los extranjeros que estén de paso por la ciudad y que con seguridad no tienen ocasión de ver todos los días una colección de esa categoría. Tampoco se ha editado un simple folleto ni existe en el museo una pequeña tienda que venda postales de su colección permanente, como ocurre en otros lugares.

Pero no es un hecho aislado. En el hermoso edificio de la antigua Cárcel Real puede verse desde hace ya algunos meses una original exposición dedicada a La Moda en Cádiz en torno a 1812 en la que expertas manos femeninas han recreado con primor la vestimenta de hombres y mujeres de las distintas clases sociales -incluidos tipos tan pintorescos como los currutacos o las petimetras- en una ciudad de gran actividad comercial donde convivían la moda castiza con la internacional.

Tampoco hemos visto en Cádiz un solo cartel que nos avise de la posibilidad de visitar esa exposición que merecería, dicho sea de paso, viajar con ocasión del Bicentenario no sólo a otras ciudades españolas, sino también a las de nuestra América, donde a buen seguro sería excelentemente acogida.

Asimismo, la extraordinaria coincidencia de un gran músico austriaco como Joseph Haydn, gracias a una de sus obras sacras más hermosas -Las Siete Palabras de Cristo en la Cruz,- y de nuestro Francisco de Goya, con un fresco, en el pequeño oratorio conocido como la Santa Cueva, podría estar mejor publicitada en toda la ciudad- son dos nombres que atraen a cualquier visitante interesado en la cultura- y no limitarse a un pequeño cartel sobre la puerta de ese templo, situado en una de las angostas calles gaditanas.

Y al otro lado de la Bahía, en el término municipal de El Puerto de Santa María. está el poblado fenicio del castillo de Doña Blanca, un conjunto arqueológico de capital importancia. Pues bien, un automovilista no avisado pasará fácilmente de largo por lo mal señalizado que está en la carretera. Parece ser que los trabajos de excavación en lo que podría ser un gran imán turístico llevan años interrumpidos por falta de fondos.

Pero no todo deben ser críticas. Así, justo es elogiar, por el contrario, la idea que ha tenido el Ayuntamiento gaditano de establecer diversos recorridos temáticos por la ciudad, excelentemente señalizados y que se complementan con folletos explicativos que sirven de excelente guía. Como es también digno de encomio la colocación de placas en numerosos edificios públicos o privados en las que se documenta su origen, su estilo arquitectónico y otros detalles de interés para propios y extraños. Algo digno de imitar en otras partes y que hace mucho más incomprensible las carencias antes señaladas.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios