Gafas de cerca

josé Ignacio / Rufino

Por la boca

AUNQUE hoy sería más atinado aplicar el dicho al whatsapp, quien tiene boca se equivoca. Todos decimos de vez en cuando inconveniencias que, recordadas a solas, nos llenan el estómago de malestar. Si eres un político relevante, tu boca tiene mucho más peligro. Por eso, y dada la perfidia chivata de la tecnología, todos los políticos -vicios privados, públicas virtudes- se protegen poniéndose la mano ante la boca para que no puedan leerse sus palabras por un dispositivo que descifra el "hijoputa" de Esperanza Aguirre acerca de un compañero de partido, a Merkel llamando a España "mi zorra" o a Zp afirmando que "nos conviene que haya tensión". Ya no hay futbolista que se precie que no hable todo el tiempo en el campo tapándose de los labios, dándose pisto (he visto a niños jugando a la pelota en una plaza haciendo cómicamente ese gesto; si sus padres los dejaran se tatuarían todo el brazo hasta el acromio). Rajoy, cuyo principal activo es la discreción a la gallega, no tiene problema: él lee, y así elimina riesgos. Aun así, nadie está libre de la vieja del visillo tecnológica, y fue el propio Rajoy el que dijo aquello de "mañana tengo coñazo de desfile". Mucho peor es que uno meta la pata hablando ante los micrófonos, o sea, haciendo declaraciones. Hay una tercera vía: buscar los micrófonos por sistema, adoptando un aire de suprema homilía de la Verdad, de predicador que se gusta. Es el caso de Pablo Iglesias, o al menos eso noto yo. Esto es lo que le ha pasado a Guindos esta semana, que se ha metido en un huerto embarrado sin necesidad: "En España se ha perdido el miedo a perder el puesto de trabajo". Por evitar lapidaciones sumarias a las que tan aficionados nos hemos vuelto, precisemos que el ministro de Economía se refería a que tenemos menos miedo del que teníamos "hace dos o tres años". Claro es que quien no está empleado o activo no tiene tal cuita, sino que, al contrario, sufre el dolor de la pérdida del que tuvo y la ansiedad que provocan la incertidumbre y el vacío. Guindos no es un lelo, y sin duda su contribución a que España no fuera rescatada de forma total fue grande: su trabajo exterior fue la condición necesaria para que su colega Montoro comenzara a hacer la cirugía interior, apretando a autonomías y municipios. Pero a Guindos cabe replicarle que la estructura del empleo en España es tan carente ya de músculo que seguir destruyendo puestos de trabajo significa la muerte a pellizcos de la economía. Como le sucede a una parte demasiado grande de las empresas medianas y pequeñas españolas, que son unos walking dead organizativos.

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