Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

El bichito puede con el titán

La globalización consiste en que un virus surgido en China por atávicas costumbres alimenticias, que hacen cocina fusión con perros muertos y murciélagos vivos, rula por el Globo y provoca en Barcelona el fiasco del principal evento global de la tecnología reina de las tecnologías, la del teléfono móvil que en la libertad y la infinitud lleva la condena y el empequeñecimiento del usuario, y que, en estos días, el chasco del Mobile Congress en la Ciudad Condal -a diez mil kilómetros de Wuhan- sea un nuevo castigo económico a la sociedad catalana que, a su vez, en su pertinaz afán por dar el portazo a sus históricos compatriotas, daña a la economía española de forma perfectamente evitable, y mete el miedo en una vieja Europa que pelea como puede por ser algo común a naciones y pueblos, incluidos en éstos a los perdedores rurales, que lejos de las ferias de los móviles, y no digamos de Pekín, sufren cortes de servicio de telefonía también perfectamente evitables. Un mundo pequeño como nunca.

"Piensa globalmente y actúa localmente", decía el primer ecologismo, con la verde Petra Kelly haciendo punto en el Bundestag. "Teme globalmente y vive como mejor puedas en tu barrio", podrían decir ya en 2020 los urbanitas que de pronto ven su casco antiguo convertido en un casco guiri. El turismo es la nueva migración vinculada al teléfono móvil: es la globalización hecha carne y hueso; en manada y venga para acá y para allá. Teléfono en ristre, por supuesto: más importante para el turista es el móvil que su propio disfrute en tierra extraña (bueno, tierra extraña cada día más trucada a la medida del turista). Con todo su poderío -todopoderoso parecen ser el móvil y quienes, controlándolo, son los gestores de sus datos-no puede permitirse desplazar a sus cuadros a la feria de los prodigios recién salidos del I+D+i… por una triste gripe. La gripe nos pone en nuestro sitio. Del que nos había alienado la fuerza totalizadora del celular, con su pérfida inteligencia y su pantalla de vivir otras cosas y no las propias. Al final, los virgueros digitales de Samsumg y otras compañías que sí mantienen la participación en el Mobile mostrarán sus magias de nuevos Merlines de la pantalla táctil: portentos y asombros con los que nos dominarán mucho más de lo que nos harán la vida más fácil. Eso sí, lo harán con una máscara en la boca, porque al bichito lo tememos todos como a una mordedura de vampiro. ¿Se la echarán a un lado para zamparse una rebanada de pa amb tumaca en los cofee break? Globalización, con todos sus avíos locales.

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