El barrio de La Viña

Me llamó mucho la atención la cantidad de gente que había en el barrio y sin ningún extranjero

Como he escrito tantas veces, todos los años voy en alguna ocasión al barrio de la Viña. No falto los Lunes Santo y hago la cuenta que desde que vine destinado a Cádiz, este año hubiera sido el sesenta, pero falté porque las procesiones no salieron por el COVID 19. Por eso, cuando un amigo nos propuso celebrar nuestros almuerzos semanales en la Viña, aceptamos encantados y yo el primero. El plan no podía ser más atractivo: aperitivo en El Manteca y almuerzo en El Faro. Yo fui de los primeros comensales del establecimiento de la Calle San Félix. Se inauguró en 1964 y recuerdo a Gonzalo Córdoba que se interesaba acudiendo (o sentándose) a nuestra mesa, entonces de madera, con manteles de papel y recibiendo la felicitación de los comensales por sus pescados. Luego fue ganando en importancia y calidad hasta ser, no solo uno de los mejores restaurantes de Cádiz, sino de toda España. Ahora son sus hijos los que recogieron el testigo y menciono a Fernando, que se ocupa del Faro del Puerto de Santa María, con quien compartí muchos viajes a Cádiz en el Catamarán. Maite, en Cádiz y su otro hijo varón en el Ventorrillo del Chato, mantienen la tradición.

La Taberna Casa Manteca en la calle Corralón de los Carros, fue en su origen un almacén de ultramarinos y coloniales, que como otros, también despachaban vinos. Es más antiguo que El Faro, pues data de 1953, como nos recuerda el azulejo de la entrada. En los años sesenta era menos famoso que ahora, pero ya lo habían descubierto los especialistas, Nino Paredes, y mi cuñado el Dr. Cano Manuel. Allí celebró mi cuñado su sesenta cumpleaños y durante muchos años se conservó una foto de aquélla celebración, colgada en la entrada. En esta ocasión no pudimos acceder al local por las exigencias del COVID, teniendo que contentarnos con la freiduría que han abierto en frente. Pregunté por el dueño para saludarle, pero Pepe ya no asiste al establecimiento. Tampoco sus hijos se encontraban allí, pero amablemente me dejaron pasar al local para ver la foto de referencia. Aunque no saludé a Pepe Ruiz, estoy seguro de que lee este Diario y a través de él, le envío un saludo cariñoso, de viejo a otro viejo.

Me llamó mucho la atención la cantidad de gente que había en el barrio y sin ningún extranjero. Y también con qué escrúpulo se respetaban las normas del gobierno con respecto a la pandemia. Muchas gracias Juan de Dios por llevarnos de la plaza del mismo nombre, a otro barrio emblemático de Cádiz.

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