en abierto

Francisco José / Ortega

Una barrera menos por caer

EN el día en el que España sumaba su segunda medalla para calmar un poco más si cabe a los impacientes, en la jornada en la que Michael Phelps evidenciaba, una vez más, que el Olimpo tiene un lugar reservado para él entre los más grandes del deporte de todos los tiempos, una figura gracil se hacía acreedora a acaparar también un merecido espacio entre los flashes de los fotógrafos. Su nombre es Gabrielle Douglas, nació en Estados Unidos y a sus 16 años se convertía en la primera gimnasta de raza negra que conquistaba una medalla de oro en el concurso completo.

No podía ser una ciudad más cosmopolita que Londres, tal vez sólo igualada por Ámsterdam en este sentido, la que abriera una puerta de semejante calado para el deporte mundial. Una deportista negra coronada como la mejor gimnasta del mundo en unos Juegos Olímpicos, quién lo iba a decir cuando las rumanas eran las únicas capaces de osar a discutir el dominio de las soviéticas en los saltos, las asimétricas, la barra de equilibrios y el suelo. Pocas horas antes de que compita una judoca nacida en Arabia Saudí, en el deporte, afortunadamente, se siguen rompiendo todas las barreras.

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