El coronavirus no entiende de ideologías, razas, etnias, nacionalidades, religiones ni clases sociales. Ataca y se expande, sin más. Pero el confinamiento sí que diferencia de estatus. Los conciertos que se están pegando por redes sociales –que les agradezco y me parece un gran gesto– algunos artistas con salones que no se ve el final. No es lo mismo vivir aislado en chalé con piscina y jardín que en un partidito de cuarenta metros. No lo pasan igual en una vivieda que comparten seis que una persona sola. Ves a los deportistas con gimnasios en casa, a ver que están encerrados igual, pero yo no paro de darle patadas a la pared cada vez que hago ejercicio. Se vive diferente si tienes terraza de 50 metros. Pero me quiero centrar en mi drama, y como yo muchos, de lo que hecho de menos un balcón, ahora que la vida social se limita a eso. Vivir confinado en una casa interior sí que aísla... hasta el autoaplauso.

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