El catamarán

rafael Navas

El augurio del Doce

EL discurso del Rey Juan Carlos en la jornada central de la conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812, en el Oratorio de San Felipe Neri, cobra estos días especial valor. Esta frase suya era el titular, a toda página, del Diario: "En 1812 la nación estuvo muy por encima de sus autoridades". El sumario tampoco tenía desperdicio: "La sociedad gaditana animó y apoyó a estos hombres de Estado". Y el destacado de Mariano Rajoy, tampoco: "En tiempos de crisis no hay que tener miedo a hacer reformas".

Estas palabras se pronunciaron aquí hace poco más de dos años y ahora, con la perspectiva que nos dan los hechos recientes y la abdicación del Rey, se prestan a análisis muy interesantes.

La España del Bicentenario, en plena crisis económica que todavía perdura, ya arrastraba un grave problema de desapego de los ciudadanos respecto a la clase política por los continuos casos de corrupción de los que pocos partidos se han salvado. También la Casa Real anduvo bastante tocada ese año, el de la cacería de elefantes en pleno apogeo del caso Urdangarín. Fue el mismo Bicentenario en el que don Juan Carlos anunció, en el acto final de la Cumbre Iberoamericana y fiel a su estilo campechano, que tenía que "pasar por el taller".

Ahora resulta fácil extraer de todo ello que algo iba a suceder. Echando un vistazo a la Historia, doscientos años después, tampoco resulta complicado concluir que Fernando VII y los suyos estuvieron muy por debajo de sus súbditos. Y mientras nos seguimos preguntando a qué tipo de reformas se refería el presidente Rajoy cuando estuvo en Cádiz, si a las del salón de estar o a las del cuarto de baño, surge en el impás de estos días la recurrente cuestión sobre si monarquía o república que acompaña y parece acompañará a este país por los siglos de los siglos. Porque, dicho todo lo anterior, también hay que destacar que el oportunismo político ha encontrado en este momento un hueco tentador al que resulta difícil resistirse, máxime cuando se tiene el viento a favor del descontento de la calle y la tormenta perfecta de la crisis económica, auténtico motor del descontento social más allá del tipo de sistema, monarquía o república, algo que no preocupaba cuando todo iba bien. Muy ilustrativa resulta la imagen de algunos concejales del PSOE en Cádiz que se daban codazos hace dos años para aparecer en las fotografías junto a los Reyes y esta semana competían en la calle para ver quiénes son más republicanos.

La perspectiva del Bicentenario que contó con una asidua presencia de miembros de la Casa Real en Cádiz es todavía muy pequeña. La que no lo es tanto es la de 39 años de reinado de Juan Carlos I, un rey que tuvo muchos aciertos y que cuando cometió errores los admitió y pidió perdón por ello. No como otros. La suya, sin duda, es una etapa con muchas luces y pocas sombras. Justo es reconocerlo y, auguro, así será recordado por millones de personas.

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