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José Pettenghi / Lachambre

Tras el asedio

"Cádiz era entonces más parecido a Hamburgo, a Liverpool, a Manchester, a Baltimore que a Madrid o a Burgos. Era una ciudad abierta al mar y al mundo (...) de un nivel intelectual alto que hizo posible abrir la ventana, airear esa España de sacristía y sotana miserable". Dice Arturo Pérez-Reverte de "El asedio", su última novela que se desarrolla en el Cádiz de las Cortes. Se presenta aquí mañana.

Y hoy ¿qué es de aquella ciudad abierta al mundo, puerto de ideas y libertades? ¿Qué queda de aquel Cádiz tras el asedio?

Aquí el personal opina que nada ha cambiado. Lo que ocurre es que hay unos cuantos inveterados derrotistas que mantienen que estamos apoltronados en nuestro butacón bicentenario, somnolientos en un autocomplaciente conformismo, resignados en una visible derrota y viviendo de viejos laureles apolillados. Esos pocos -menos mal- perturbadores sugieren que los cultos liberales de ayer han devenido en los conservadores beatorros de hoy. Según esos lunáticos, aquí huele a naftalina y a carcomín, un deprimente olor a mediocridad, y que hay una vida social casposa a base de croqueteos, entrega de placas y desfiles. Esos retorcidos intrigantes llegan a acusar al gobierno local de alentar eso con su propia cutrez y que da respuestas del pasado a los problemas del futuro, del que sólo se acuerdan si es en clave electoral. Y de tener un repertorio panfletario e infinito de excusas ¡Qué calumnia! Se mofan esos infames profanadores del carril bici del Campo del Sur, del culto al coche y de la divisa municipal: palmeras y cemento, mofándose del sagrado lema gaditano, Cádiz sostenible, con la cuchufleta de que se sostiene de milagro. Esos cobardes hacen burla de Cádiz la ciudad que sonríe diciendo que sólo quedan jubilatas, paro y angangos para sonreír y que la cultura ha dejado paso a un desmoralizador incivismo.

Mentiras. Por eso nos ofende que algún canalla como el New York Times insinúe que el mundo ha cambiado más allá de Cortadura. Que Cádiz es, a mucha honra, una ruina muy pintoresca.

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