¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El arte 'asustaviejas'

Siempre que visitamos Arco acabamos como cuando salimos a ver cofradías: con un agudo dolor de pies y la sensación de habernos topado con cosas interesantes (y algunas sublimes) en medio de un gran montón de quincalla estética y emocional. Hace ya tiempo que no paseamos por allí, pero imaginamos que seguirá como siempre: con sus galeristas de pelos multicolores, sus gais a la última, sus señores elegantísimos con bastón y blazer, sus modernos de provincias, sus concejales de cultura… Arco es como Ascot: un lugar al que merece ir aunque sólo sea para disfrutar del ambiente, porque, durante estos días, los callejones de Ifema tienen más de boulevard que de museo.

Arco es una especie de toque de generala de la modernidad española, el alarde en el que hay que participar si uno quiere ser alguien en el arte de vanguardia nacional: "Me ven, luego existo". Al fin y al cabo, la cita fue creada por una andaluza de adopción, Juana de Aizpuru, quien vivió muchos años en un barrio a orillas del Real de la Feria de Sevilla, un escaparate para ver y ser visto. Como todos los grandes acontecimientos, Arco, que va ya camino de la cuarentena, ha ido desarrollando una serie de ritos y costumbres; un monótono eterno retorno que sirve para evitar el abismo de un tiempo infinito sin ritmo ni agarres. Uno de ellos, el más conocido, es el de la exposición de una obra que suele generar una agria polémica que se ve reflejada en periódicos y telediarios. Desde Duchamp, en el ADN del arte de vanguardia hay una intención de épater le bourgeois, de molestar y escandalizar a las personas de vida ordenada y conciencia sosegada.

Otra cosa es que se consiga, más en estos tiempos en el que hasta el más monjil de los cerebros ha desarrollado callos impenetrables para los enfants terribles de guardia. Con su ninot del rey Felipe VI (que Dios guarde), Santiago Sierra y Eugenio Merino -dos abonados al arte asustaviejas- apenas han arrancado un puñado de titulares oportunistas (de esos que buscan el clic en internet) y la desganada queja de algún diputado llamando al "respeto". Esto se debe, sobre todo, a la incapacidad de los artistas para detectar cuál es el verdadero discurso imperante, dónde se encuentra la auténtica provocación en el mundo actual, cómo se puede escandalizar a a los biempensantes de hoy.

Es una broma a lo Sierra&Merino, pero ¿se imaginan si el ninot hubiese sido, por ejemplo, de Carmen Calvo? Pelotazo asegurado. Se les van las mejores.

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