Sobre la arena

Concentrarse cada uno en lo suyo concreto, también es una manera sensata de contribuir al bien común

El fantasma que más temo no es la chica de la curva, sino el de la escalera, que para colmo es francés (l'esprit de l'escalier). ¿Lo conocen? Es el genio (maligno) que te sopla a la salida de la reunión lo que tenías que haber dicho. Logra que yo lea mis cosas tirándome de los pelos de todo en lo que no caí. Vidal Arranz me hizo una perspicaz entrevista interesándose por el auge del sentido común como muro de contención del progresismo.

Y se me olvidó subrayar que la literatura y, en particular, la poesía, son esenciales en ese campo. Tienen mucho que decir porque no pueden no dirigirse a lo común que tenemos como seres humanos, pisando suelo firme y tendiendo puentes. Sólo en ese encuentro de sensibilidades salta la chispa. Si la realidad es el objeto principal de discusión, no podemos prescindir de las mejores herramientas para aprehenderla.

Lo que me hubiese llevado a reinterpretar (como l'esprit de l'escalier me apunta ahora muy solícito) el episodio en que Jesús salva a la adúltera de ser apedreada. Lo hace animando (magistral paradoja) a que tire la primera piedra, ¡venga!, el que esté libre de pecado. Tras esa frase impactante, Jesús se pone a escribir sobre la arena. Es el único momento en el que se nos dice que escribió.

Se han dado explicaciones diversas. Las más precavidas suponen que Jesús apuntaba en el suelo los pecados de los posibles apedreadores no fuese alguno a sufrir amnesia. René Girard aduce que era una forma de evitar la mirada directa de nadie, que se interpretaría como un desafío. Más misericordioso es pensar que inclinaba la cabeza para no avergonzar a los que hacían mutis por el foro. Siempre imaginé que, perfecto hombre también, escribiría un poema, que se perdió, ay, porque ése es el destino de casi todo lo que hacemos. Fue parte de la kénosis de Cristo, en este caso como poeta.

Ahora pienso que el simple hecho de escribir con verdad y belleza -como Él lo haría sin duda- basta para ser clave en cualquier conflicto de la plaza pública. Nos daba una lección. Tras proclamar lo justo y defender al débil, ya puede uno dedicarse, si es poeta, a escribir sobre la arena, porque eso es entonces lo efectivo. Del mismo modo, concentrarse cada uno en lo suyo concreto y profesional, donde dos más dos son cuatro y la hierba es verde, es una manera sensata y realista de contribuir al bien común. Después de hablar lo preciso, el silencio es precioso.

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