La esquina

josé / aguilar

Diez años después

DIEZ años después del 11-M el Ministerio del Interior mantiene activado el nivel 2 de alerta. Significa que hay "riesgo probable" de atentados yihadistas en nuestro país. Es una situación terrible, pero no más que la de los primeros años del siglo XXI, cuando creíamos ilusamente que el terrorismo de este signo no nos tenía en su punto de mira. Ni siquiera el ataque a las Torres Gemelas de septiembre de 2001 sacó de la modorra a una sociedad alegre y confiada. ¿Quién iba a fijarse en un país mediano, tradicionalmente amigo de los árabes, acogedor sin recelo de miles de musulmanes y nada entusiasta con Israel (uno de los grandes pretextos de Al Qaeda y sus franquicias).

Entonces todavía no habíamos comprendido que el terror yihadista no necesita razones para declararnos la guerra a muerte. Somos cruzados, infieles, enemigos del islam, herederos de los invasores, culpables únicos de la miseria que azota desde hace siglos a los parias de Oriente Próximo. Todos: cuando ponen las bombas no hacen distingos entre quienes van a ser sacrificados. Más aún, desde que transformaron su odio fanático en acción criminal han causado más víctimas entre musulmanes que entre cristianos.

Los analistas e investigadores más solventes coinciden en que el atentado indiscriminado de masas más brutal cometido en Europa en tiempos de paz se decidió y se empezó a preparar mucho antes de que Aznar se fotografiara en las Azores y secundara la guerra de Iraq. El 11-M fue un acto de venganza. Venganza genérica contra un país occidental, no contra un gobierno concreto, y venganza específica por la desarticulación de una de las células más destacadas de Al Qaeda. Vincular la política de Aznar con el 11-M fue una deplorable manipulación de la realidad, paralela al lanzamiento de la teoría de la conspiración que buscaba el efecto contrario: convencer a la gente de que detrás de todo estaba ETA y unos cómplices insospechados, juntos para derribar al Gobierno.

Diez años después, seguimos teniendo un deber de memoria con los que cayeron y los que sobrevivieron en los trenes del horror, tenemos un relato judicial bastante ajustado a la verdad de los hechos y tenemos un muro de contención más sólido contra el terrorismo yihadista (más agentes, más colaboración internacional, más tratamiento penal ajustado a esta modalidad). Pero continuamos en alerta 2. Con riesgo probable. No hay que llamarse a engaño.

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