Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

Cuatro años de campaña

QUIZÁ Pablo Iglesias se dejó la coleta para que, cuando dijésemos de él que no tiene un pelo de tonto, nos impresionásemos más. Porque el hecho es que de tonto no tiene un pelo. Y puede comprobarse en que el mismo día que los grandes periódicos pronosticaban el sorpasso y el hundimiento del PSOE, él no se desmelenase, sino todo lo contrario, se mesase los cabellos diciendo que tardará en llegar al Gobierno, pero que llegará.

Sabe que escalar a los cielos exige una parada técnica en un campamento base, esto es, liderar primero la oposición. Por eso, su objetivo actual es superar al PSOE. En lo que coincide con Rajoy, que no ignora que es la única posibilidad de que los socialistas, con la primacia de la izquierda ya perdida, den su apoyo a un gobierno del PP por activa o por pasiva. Cuando sólo les quede la baza de partido socialdemócrata serio, aunque minoritario, tendrán que actuar como tal. Pedro Sánchez casi lo ha confesado, con esa torpeza que es su pelo de la dehesa: si quedan por encima, pedirán el apoyo de Podemos, si por debajo, ni pensar en la recíproca. Dicho así, suena ridículo, pero no tanto si le adivinamos lo que querría haber dicho: "Será cabeza de coalición, pero no cola de revolución". Ah, vale.

Esto ya lo hemos explicado antes. Ahora hay, si las encuestas y las elecciones lo confirman, que prever los acontecimientos. Porque el sorpasso no significa, necesariamente, que el siguiente paso (o passo) sea que Pablo Iglesias gane las futuras elecciones. Significaría que ese mismo día comenzará la campaña electoral (¡de cuatro años!) que él sí quiere ganar. PP, PSOE y Ciudadanos habrán de poner entre sus prioridades, junto con el problema catalán, el problema del populismo, y enfrentarlo decididamente, sin usarlo, como hasta ahora, de pólvora para sus rencillas.

Con más cuidado de las instituciones, con la persecución implacable de la corrupción propia y ajena -pero empezando por la propia-, con reformas profundas, con una pedagogía política madura, con una gestión económica eficaz, con debates políticos de altura intelectual, con una educación de auténtica calidad, en cuatro años, se rebajaría muchísimo la burbuja populista; y hasta su práctica inexistencia, si no se le da aire con pactos locales y autonómicos. El diagnóstico y la receta me parecen indiscutibles. Me asaltan, sin embargo, dos dudas: estos políticos, ¿lo entenderán? y ¿serán capaces?

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios