DIARIO DE CÁDIZ En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Cuánto amor

Ama a varios a la vez de manera simultánea, consciente, consensuada

Hay parejas que comparten el trabajo añadiendo ese peligro a la relación. Supongo que ese triple salto mortal a la monotonía, no se escoge como tantas cosas de la vida. La mayoría, si nos dieran a escoger, buscaríamos una pareja que hiciera algo distinto que pudiéramos admirar y no lo que hacemos nosotros mismos cuyas miserias y servidumbres conocemos tanto que nos empequeñecen. Un amor que no se desgaste con las mortificaciones diarias, que nos espere impaciente al volver a casa y nos pregunte interesado cómo nos ha ido. Un amor que no lo sepa todo de nosotros para que pueda seguir desvelando el misterio de conocernos. Compartir el amor en el trabajo es una heroicidad como otra cualquiera que obliga a dos funambulistas a compartir el hilo de alambre de la vida. Difícil.

A lo mejor por eso Pedro Sánchez ha metido a dos parejas en su gobierno progresista, una de Podemos y otra de su propio partido para que luego no se diga. A él le gusta lo difícil, que parezca que todo se rompe y se deshace para poder después decir que hay pacto, que hay gobierno, que hay progresismo y hay amor, aunque sea con quien viene con un serrucho a descuartizar España. Él practica el poliamor porque es emocionalmente compatible con todos. Ama a varios a la vez de manera simultánea, consciente, consensuada. Si esto no es progresismo que venga Dios y lo vea. Por eso necesita un gobierno tan grande y con tantas vicepresidencias, no da abasto.

Imagino a esas dos parejas del gobierno, a Pablo e Irene, a Meritxell y Juan Carlos, como a los pescaderos de mi madre de la plaza. El matrimonio tiene a la entrada un pequeño puesto (todos los puestos son pequeños en la plaza de abasto y en el gobierno de esta España fracturada y efervescente), siempre tienen las manos heladas por el frío y por la incertidumbre de sí conseguirán o no vender el pescado y, lo peor, soportan a diario la mirada desazonadora de tanto pescado, incontables ojos mirándolos a la vez porque los pescados siguen mirando aun después de muertos. Qué vértigo por no decir qué miedo. Les deseo a todos, pescaderos y ministros, lo mejor por su propio bien y por el nuestro. Que se quieran, que hagan bien su trabajo y, si al final todo es un desastre porque las parejas solemos vivir al borde del desastre, siempre les quedará dedicarse a la literatura. Igual consiguen ser célebres y premiados como Mónica Moreno y Manuel Vilas. Cuánto amor, qué precipicios

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios