EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

La alternativa

SI hay alguien que todavía tenga dudas sobre las causas de lo que nos está ocurriendo, le recomiendo que haga este experimento: que se asome al balcón de su casa y empiece a contar el número de vecinos que viven de un salario público -en sus tres niveles: nacional, autonómico o municipal-, y que luego cuente los vecinos que viven de un salario que provenga del sector privado. El recuento no debe olvidar las pensiones de jubilación o las prestaciones de desempleo, claro está, e incluirlas en el sector público. Y me atrevo a asegurar que el resultado de ese experimento será abrumador: al menos una victoria contundente por tres a cero a favor del sector público en contra del privado (y en algunos lugares, el resultado sería de nueve a cero). Es así de simple. Y así de terrorífico.

Nos guste o no, vivimos en un país que no dispone de una economía productiva que sea capaz de sostener su altísimo nivel de gasto público. Muchos jubilados viven -por fortuna- hasta los 80 años o incluso más, lo que supone cobrar su pensión durante al menos quince años (en algunos casos, el cobro de una pensión se prolonga durante veinte o incluso treinta años). Y además tenemos un sistema público de salud y una red de educación pública de muy buena calidad -pese a sus defectos de funcionamiento-, pero que también son costosísimos. Y ya no hablo de los delirantes proyectos urbanísticos que se han emprendido durante estos últimos años. Todo esto se ha financiado con cargo a la deuda, ya fuera pública o privada. Nadie nos lo había dicho, pero vivíamos a crédito. Y justo ahora nos ha llegado la hora de pagar.

Si no viviéramos en una economía integrada en el euro, podríamos devaluar la moneda y trampear la situación. Pero vivimos en una economía que ya no es autónoma ni depende sólo de nosotros. Y en estas circunstancias sólo tenemos dos opciones: o nos negamos a pagar la deuda y nos salimos del euro, o la pagamos y procuramos encontrar un plan de ajuste que sea equitativo para toda la población (algo, por cierto, que no ha hecho el PP). No hay otra opción. Por eso es ridículo echarle la culpa de los recortes a Rajoy o al PP o a los mercados. Si estamos a merced de los mercados, es porque llevamos veinte años malgastando un dinero que no teníamos y que habíamos pedido prestado. Es cierto que una gran parte de la ciudadanía no tiene la culpa de nada de esto, pero nunca he oído quejarse a nadie cuando se inauguraban los circuitos de alta velocidad o los grandes edificios "emblemáticos" o los alcaldes se comprometían a hacerse cargo de las deudas altísimas de los clubs de fútbol locales. O sea, que esto es lo que hay. O pagamos o no pagamos. Y la oposición al PP debe hablar claro: si se opone a los recortes brutales, ¿qué alternativas propone?

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