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Los alcaldes y las tradiciones

No es verdad que el poder civil participe en procesiones y actos religiosos como una herencia de Franco

Para los ateos compulsivos y los masones separar la vida pública de las tradiciones católicas es un objetivo desde tiempo inmemorial. No es verdad que el poder civil participe en procesiones y actos religiosos comon herencia de Franco, aunque es cierto que en aquellos años se fomentó desde el poder. Unas tradiciones tienen siglos de antigüedad y otras no. Cuando quieren imponer sus ideas, se inventan una fake history. En Cádiz esto se nota en las relaciones municipales con la Patrona de la Ciudad, la Virgen del Rosario, y con el Regidor Perpetuo, el Nazareno de Cádiz. Al alcalde González se le ha acusado de poner una vela a Dios y otra al diablo.

Se verá otra vez mañana, con el Voto de la Patrona. No lo hicieron siempre los alcaldes. Por centrarnos sólo en los tres de la democracia, Carlos Díaz delegó el Voto, que presentaron diversas personas de esta ciudad. Después, cuando llegó Teófila Martínez, lo asumió ella personalmente, y se consolidó como costumbre. Al llegar José María González a la Alcaldía le entraron las dudas y se lo encargó el primer año a Adrián Martínez de Pinillos, que hizo una faena de aliño. El Voto se hace en nombre del Ayuntamiento, por lo que corresponde al alcalde o persona en quien delegue.

Más curioso ha sido el caso de la Medalla a la Virgen del Rosario, que ha llegado a los tribunales. El Ayuntamiento, ya con González, se la otorgó, lo que fue criticado por los de Podemos de Madrid y los de IU de Cádiz. Sin embargo, después, el alcalde no lo ha defendido. En los tribunales ha sido Martín José García Sánchez el abogado defensor de la Virgen del Rosario. Aunque el problema no era de la Virgen, sino de una medalla de origen municipal que el Ayuntamiento debía asumir con gallardía y coherencia. Es un honor de la Ciudad a su Patrona.

En cuanto al Regidor Perpetuo, González también tuvo problemas con el bastón de mando desde el primer año. Me recuerda Enrique Cabrera que el bastón que le entregaba Carlos Díaz al Nazareno no fue donado por el alcalde, sino por un industrial que quiso permanecer en el anonimato. El entonces hermano mayor del Nazareno, José Luis Suárez Villar, firmó un documento (que existe) con Carlos Díaz, donde el alcalde se comprometía a entregar el bastón todos los años y la hermandad a devolverlo para que estuviera en su despacho municipal, pudiendo utilizarlo sólo él "y quien en el futuro ostente el cargo" en actos oficiales.

Son tradiciones de Cádiz que el alcalde González ha roto, y no ya por unas ideas, sino porque no sabe lo que hace.

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