Crónica levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

La agencia B

LA Guardia Civil y, en menor medida, el Ejército son las instituciones más valoradas por los andaluces. Por méritos propios -es la Benemérita la que se queja de las cuchillas del muro de Melilla y la que salva a los inmigrantes en el Estrecho- y ajenos: la Corona parece que no se deja ni ayudar. ¿A qué institución le daría hoy un abrazo? En el fondo, nos quedaba la Agencia Tributaria, mandona, pero justa. Recaudatoria, pero no trincona. Sin que fuera imposible explicar por qué le adjudicó a la infanta Cristina y a su marido unos solares que no eran suyos cuando conoce el último de nuestros ingresos, sin saber por qué se marchó la responsable de los grandes contribuyentes, sin saber a qué se debe sus remilgos en el caso Nóos, sin dar crédito a la dimisión de los jefes de los inspectores, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, nos da una razón de otros tiempos: todos eran socialistas, a pesar de que muchos de los purgados fueron nombrados por su Gobierno. Hacienda sostenía a esta descreída opinión pública, que un día pasará del escepticismo al cinismo. Sin credibilidad, Hacienda no es nada: de cada nómina, de cada factura, de cada beneficio, de cada litro de gasoil, de cada acto diario, de la tapa, de la cerveza, del libro, de todo se lleva un pico, una convidá. Pensábamos que la Agencia Tributaria no hacía distingos, que todos los contribuyentes eran A, ninguno B.

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