Vulgaridades

Lo del fin de la realidad es otra expresión que se las trae, me llena de ternura

Oigo hablar tanto de la nueva normalidad, del fin de la realidad y de otras memeces semejantes que me pongo mala. En este tiempo, más raro aun que el del encierro, la gente se ha vuelto tonta sin cura. Inventándose expresiones que se generalizan y no significan nada de nada. A la gente le gusta ser protagonista de la historia y ponerle nombre a su devenir. Le gusta pensar que con ellos se acaba algo grande y empieza algo nuevo (los siglos le han estado esperando para que pueda contarlo como testigo y cronista fiel). Yo no veo más que lo mismo de siempre, ni veo que desaparezca nada ni que empiece nada nuevo de verdad. La llamada nueva normalidad es una continuación de nuestras cotidianas costumbres más vulgares, acudiendo a bares y playas sin precaución alguna. La España de Joselito y Belmonte se ha convertido en la de los temerarios y los asustados, los que se tiran a la calle y los que ven el rebrote en cada esquina. Esto no es una nueva normalidad sino una normalidad de lo más normal, de lo más nuestra.

Lo del fin de la realidad es otra expresión que se las trae, me llena de ternura. Se ve que hay quien se ha quedado enganchado de las pelis de catástrofes, de la literatura de ficción y piensa que esto que nos pasa ya no nos pasa. Ojalá, a juzgar por la papeleta económica que tenemos que afrontar. La grandilocuencia del lenguaje de algunos me recuerda a los pregones de las fiestas patronales, pero en pesimistas. Todo aspavientos y exclamaciones. Reconozco que cuando he visto a Pedro Sánchez hablar de patriotismo me he quedado patidifusa y he llegado a pensar que lo del fin de la realidad va por ahí. Ya veremos.

Algo bueno tiene tanta expresión ingenua. Al menos hemos dejado de oír hablar sin descanso de la posverdad, un pequeño consuelo para quienes tenemos el terrible vicio de leer los periódicos y escuchar la radio. Ay, qué de ocurrencias permite el lenguaje. Las peores, como una maldición, son las que más se repiten.

La pandemia ha traído consigo su jerga. Nos ha permitido jugar con las palabras. Se ha llamado Estado de Alarma algo que no era tal por afectar a derechos fundamentales, hemos bautizado como confinamiento algo que tampoco se ajusta a su verdadera definición; hablamos de desescalada, pero no hemos subido ni bajado a parte alguna. Me imagino que la próxima edición del diccionario de la RAE traerá todas estas "almóndigas" como nueva normalidad de uso común. Y vulgar.

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