la esquina del gordo

Paco / Carrillo

Vuelve mi amiga la condesa

DECÍA el lunes pasado que a partir de ahora iba a prestarle atención al pueblo llano, el ajeno a los repartos y canonjías, a las jubilaciones de fábula, a las dietas y a los teléfonos móviles de válvula. Por lógica debo empezar por mi amiga la condesa, pueblo llano desde luego, con la que sigo manteniendo relaciones audiovisuales fluidas y, aunque no esté en los usos modernos, también por correspondencia tradicional; entiéndaseme, cartas de las de sobre, sello, papel fino si es air mail, y con pluma apta para hacer pendolismo.

Mi amiga la condesa -lo he dicho en más de una ocasión- aborrece que la tachen de millonaria; eso, dice, está al alcance de cualquier político encumbrado impunemente. Ella, a pesar de vivir en la diáspora, no niega que es de La Isla, a la que quiere, precisamente, gracias a la distancia. Los que me han seguido en crónicas anteriores saben que de cuando en cuando aparece por aquí. Últimamente ni abre su casa de la calle Real. Le da vergüenza. Más desde que leyó a un prócer local compararla con los Campos Elíseos. Ella soporta todo menos las estupideces de los indocumentados. Tanto le molestó la comparación que me preguntó si el ínclito en cuestión (fue ínclito, no ínclita), se hizo el harakiri. Condesa, por favor, aquí no dimite ni el Potito, ni siquiera los que pasaron junto a la Caja Municipal haciéndose el panoli. Pues eso.

Si existe alguna peculiaridad en la persona de mi amiga la condesa esa es la ingenuidad; tanto es así que aún sigue convencida de que el talento lo es todo. De ahí que no quiera en su servicio ningún indocumentado; eso -dice- es para los políticos sin oficio ni beneficio. Y le pregunto: "¿Qué titulación le ha exigido a su paseador de perros?" Y me contesta: "Técnico Superior en Medio Ambiente y máster en Ecología por la universidad de Stanford".

Aparte de la ingenuidad -o precisamente por ella-, mi amiga la condesa hace preguntas sorprendentes. Por ejemplo: ¿Cómo un pueblo en la agonía tiene ganas de ferias? Le contesto que en sus años mozos las mejores fiestas se vivían en los patios de vecinos donde ninguno tenía donde caerse muerto. Será que es verdad aquello que afirma que "después de perdíos al río". Se vio en el primer día de rebajas en Bahía Sur: empetá estuvo; trece mil parados dan muchas sorpresas.

Me dice que va a venir por Feria. Sola. Con la doncella que le hace las tisanas. Otros viajan con la chuleta de vinos en la cartera para pedir en los restaurantes las mejores añadas. Sí, serán nuevos ricos, pero ahí están, con el carné en la boca, abierta siempre como los buzones de Correos.

La ingenuidad de mi amiga la condesa llega a tal límite que no sabe si adoptar a alguno de los políticos que se han quedado en el paro o sentar a todos a su mesa por Navidad, como en aquella película de Berlanga, Plácido, que magistralmente interpretara José Luis López Vázquez. Menos mal que para algunos ha habido una segunda oportunidad (o una tercera, o cuarta) que en términos administrativos viene a ser como los reenganches de la Marina de antes sin que se sepa -como en aquellos entonces- que fuera absolutamente indispensables. Los cargos de confianza, desde luego. Mi amiga los estima muchísimo porque gracias ellos no es imprescindible que los que van en las listas justifiquen nada.

O sea que vuelve mi amiga la condesa, ¡aleluya!

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