La visita a Simago era obligada. Allí podía uno comprar los materiales para el colegio, cuando te pedían lo básico. Y echabas en el cesto la goma Milán, un par de lápices, una caja de rotuladores Potombo, sus cuadernos Enri y sus tres bolis BIC: rojo, azul y negro. Y ya tirando la casa por la ventana, la flauta dulce para Música con su funda verde y un bloc de dibujo. ¿Para qué más? No como ahora, que piden materiales como para levantar un tabique. En aquellos tiempos, el final de agosto, con fresquete, anunciaba ya que el cole estaba a la vuelta de la esquina. No recuerdo ir a la playa con el curso empezado, al contrario que hoy día. Los tiempos han cambiado, lo sé. El clima todavía más. Pero llega septiembre y me veo oliendo el perfume de los libros nuevos y escribiendo con mucho esmero en la primera hoja de cada cuaderno. La segunda hoja ya era otro cantar.

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