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¿Por qué Vox?

El milagro de Vox es haber articulado políticamente a una gran masa privada de rostro y de palabra

Pase lo que tenga que pasar el próximo domingo -y quién sabe lo que pueda pasar-, esa noche habrá un ganador, quizá no único pero sí seguro: Vox. Si se piensa lo que ese partido era hace apenas cuatro meses, y lo que sin duda será al final de este ciclo electoral, puede afirmarse que estamos ante el mayor acontecimiento para la derecha española desde la refundación del PP por José María Aznar en 1990. Aquel proyecto, truncado en 2004 por el aún inexplicado 11-M, fue traicionado y definitivamente arrojado a la basura desde 2011 por Mariano Rajoy y su camarilla de usurpadores del espacio de la derecha social. Pero cuando ya nadie daba un ochavo por las ideas y los sentimientos que, como un zócalo de viva roca, aún permiten que simplemente España sea, su asombrosa resurrección en las andaluzas de diciembre pasado ha permitido un verdadero milagro. El giro que Andalucía ha imprimido al devenir político español en esas elecciones no tiene otro precedente equiparable que el propio 28-F de 1980, aunque ahora de signo bien distinto. Si uno significó el verdadero comienzo del Estado de las Autonomías, el 1-D ha anunciado su declive, el inicio de un nuevo ciclo que debe equilibrar las corrientes centrífugas que nos minan y llevan al desguace como nación.

No depende sobre todo de Vox hacer posible un nuevo Gobierno, su milagro consiste en haber articulado políticamente a una gran masa privada de rostro y de palabra, inexistente para los medios, los gabinetes demoscópicos, las instituciones y las clases dirigentes. Que Vox vaya a estar desde el domingo en el Congreso, desde el mes próximo en los ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, además de en el Parlamento Europeo, significa también la normalización de la política española, su homologación con lo que ha comenzado a ocurrir en toda Europa y en casi todas partes: que el proyecto tecnocrático y socialdemócrata, antihumanista y economicista, que en España va unido a un siniestro panorama de corrupción y desmembramiento nacional, no prevalecerá. En estos meses hemos visto crecer nuevos liderazgos, aparecer como por ensalmo toda una multitud de lo que los clásicos llamaban "repúblicos", personas ajenas a la política profesionalizada que llenan las listas por verdadera voluntad de servicio, afilarse de nuevo conceptos condenados por los correctos y renacer la ilusión de las gentes. Hay esperanza y con eso, en España, se logra todo.

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