Ya saben, porque este periódico ha dado cumplida cuenta de ello, que Elías Bendodo será el próximo hombre fuerte de Juanma Moreno en el futuro Gobierno de Andalucía de PP-Cs. El malagueño, actual presidente de la Diputación de Málaga, proviene de una familia judía sefardí, lo que puede ser toda una garantía si tenemos en cuenta la proverbial inteligencia de un pueblo en el que suele haber pocos tontos. ¿Será Bendodo en el futuro el Disraeli andaluz? Eso lo dirá el tiempo. Por ahora, lo que parece claro es que es el hombre que, entre otros muchos asuntos, tendrá la difícil tarea de pactar con Vox, garantizando su apoyo al bloque de cambio del centroderecha, pero pagando el mínimo peaje posible. Un sefardí bregando con los autodenominados herederos de Isabel la Católica... La política, a veces, no es tan aburrida como parece.

PP y Cs ya han acordado las medidas de choque para sus primeros cien días de Gobierno sin que apenas se note la huella de Vox. Bendodo, sin embargo, dice lo contrario. Es más, afirma con contundencia que se "han atendido muchas de las exigencias" del partido de Abascal. ¿Cuáles? Principalmente la rebaja de la presión fiscal y el adelgazamiento de la muy obesa Junta de Andalucía. Es decir, el popular vende como guiños a Vox el mero cumplimiento de los programas electorales de PP y Cs. El problema que tiene Vox es que algunas de sus peticiones más urgentes, como la devolución de las competencias de Educación y Sanidad a Madrid o la conversión de Canal Sur en las desconexiones territoriales de la RTVE, son ocurrencias que pueden servir para galvanizar su voto más antiautonomista, pero que son muy poco o nada realistas. En política y en la vida en general, cuando pides cosas extravagantes, terminan por no tomarte en serio.

Vox sabe que buena parte de los 400.000 andaluces que lo votaron el 2-D no le perdonarían que no apoyase el cambio de Gobierno, pero también que corre el riesgo de convertirse en un mero palmero de PP y Cs. Para evitar esta trampa, haría bien en hacer un ejercicio de realismo, deshacerse de sus propuestas más malhumoradas y lelas, y apostar por objetivos alcanzables que le darían réditos electorales en el futuro. Por ejemplo, la dignificación del campo andaluz (pocos partidos han empatizado tan bien con nuestro agro) y la derogación de esa indecencia llamada Ley de Memoria Democrática.

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