En tránsito

eduardo / jordá

Vórtice polar

ES una buena noticia la imputación de la infanta Cristina? Sí y no. Es una buena noticia porque demuestra que tenemos jueces independientes, y esos jueces son capaces de llevar a cabo una investigación exhaustiva sobre una persona muy importante, a pesar de las trabas y los obstáculos que se le han puesto por todas partes. Pero al mismo tiempo se trata de una malísima noticia, por la sencilla razón de que es muy posible que la Infanta no sea nunca procesada, o que si lo es algún día, al final acabe absuelta por alguno de los múltiples y enmarañados tecnicismos procesales que permite nuestro sistema jurídico. O bien el delito habrá prescrito cuando llegue el día del juicio, o bien se le aplicará alguna de las eximentes que permiten convertir delitos en no-delitos, o en último término se beneficiará de algún malabarismo legal. El caso es que, culpable o no, hay muy pocas posibilidades de que la Infanta acabe procesada y condenada. Y me temo que lo mismo podría decirse de su marido, Iñaki Urdangarín. Cuando llegue el momento, sus delitos habrán prescrito, o recibirán un trato equiparable a una especie de prescripción.

Lo malo es que esta situación ocurrirá en medio de una réplica política y social de la ola de frío que está atravesando estos días los Estados Unidos y a la que se le ha puesto un nombre que suena a pesadilla de Poe o de Lovecraft: "Vórtice polar". Con un rey tambaleante, y con un presidente del Gobierno que no se atreve a dar la cara y que parece empeñado en dispararse en todos los dedos del pie y también en los de la mano, y con una clase política desprestigiada, y una crisis económica que no remite -o remite muy despacio-, y con el desafío soberanista en Cataluña y con el enfado generalizado de la ciudadanía contra los privilegios de los políticos y financieros, la verdad es que todo esto suena muy mal. Imputada o no, procesada o no, muy poca gente está dispuesta a poner su mano en el fuego por la infanta Cristina, quien demostró ser muy poco inteligente o muy poco responsable al hacer lo que hizo con el dinero que ganaba su marido. Su desprestigio, hoy por hoy, ha contagiado ya a toda la monarquía. Pero también deberíamos saber que es imposible superar una crisis con un Gobierno zombi y con la Jefatura del Estado metida en un lío soberano, y pido perdón por el chiste fácil. Supongo que algún día saldremos de ésta, pero de momento eso sólo parece una posibilidad muy remota, algo así como ese terrible "vórtice polar" que cruza los Estados Unidos.

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