DICEN que Cádiz es una ciudad preciosa para ver desde el aire. Su silueta, recortada en el poderoso mar, se antoja hermosa para ver desde las alturas. Debe ser así. Desde el cielo la ciudad se intuye abierta, luminosa, entregada, casi como un barco que soporta con brío el azote de los temporales y la inestable energía de los vientos. Pero desde arriba se ve todo tan pequeño, tan diminuto, que es imposible ahondar en la realidad de sus calles, de sus edificios, de sus casas. Desde arriba, desde el cielo, no se ve el azote del paro ni la energía que los poderosos emplean en hundir cada vez más a los que ya están hundidos. Desde arriba, desde el cielo, no se ven las penurias familiares, los impagos de luz y agua, las cartillas sin ahorro, las colas en Valvanuz o las peticiones a Cáritas. Desde arriba, desde el cielo, las nubes impiden ver la realidad, y el ruido, ensordecedor, no deja escuchar el lamento de quien más lo necesita.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios