hoja de ruta

Ignacio Martínez

¡Vivan las caenas!

MUCHA gente se ha quedado atónita por el entusiasmo con el que la bancada del PP aplaudía y jaleaba los anuncios de recortes en el subsidio de paro, sueldos de funcionarios o pensiones que hizo el presidente del Gobierno el miércoles. La sorpresa invade al propio Partido Popular; tanto que si volviera a producirse el pleno actuaría de forma más comedida. Una cosa es apoyar a Rajoy porque está pasando un mal rato en su particular camino a Damasco, caído del caballo boca arriba, como San Pablo en el cuadro de Caravaggio; desdiciéndose de todas y cada una de sus promesas electorales. Y otra muy distinta es esa pasión desmedida.

¡Vivan las caenas!, parecían querer decir quienes no padecerán los recortes. Capítulo aparte merece el comportamiento de la diputada Fabra. Si se repasa el vídeo, es difícil concluir que su frase "¡que se jodan!" está dedicada a los socialistas allí presentes. Las diputaciones que el Gobierno quiere reforzar tienen otros daños colaterales: incuban sagas como las de los Baltar o los Fabra.

Hay un claro déficit democrático, y el fin de semana político andaluz ha sido un ejemplo. Los populares han elegido presidente en un plácido congreso en Granada, sin una sola voz discordante. Los dirigentes del PP en la periferia regional no están entusiasmados con el designado, pero nadie se atreve a discrepar. En Sevilla la candidata a la secretaría provincial del PSOE se permitió decir que el Partido Popular elige a sus direcciones en una barra de bar.

Puede ser, pero en el PSOE los congresos se ganan en las instituciones en vez de en la hostelería. El método es variado. El secretario de Málaga llama a una delegada de los críticos a la que se le termina un contrato en una empresa pública de la Junta y la interesada le firma a su propio jefe un aval para la candidatura oficial robado así a los adversarios. Un consejero llama a su delegada en Córdoba con el mismo fin y resultado. Un presidente de diputación, no muy distinto de Fabra o Baltar, pone firmes a los alcaldes y sus huestes aireando las ayudas públicas. Y el personal, gritando para sus adentros ¡vivan las caenas, que hay que comer! Desde luego, la democracia no pasa por buenos momentos. Desde la raíz.

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