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José Pettenghi Lachambre

Vistas aéreas de la crisis

EL mejor sitio para tener unas buenas vistas de la crisis que nos azota es el restaurante de El Corte Inglés. Pero no el de la segunda planta, donde acude el populacho y sólo hay platos combinados, sino el de arriba, el acristalado. A cierta distancia de la multitud. Allí el camarero no te ignora y la cocina es pasable.

El día además es insuperable para ver bien la crisis: ayer fue el día de Reyes y hoy es San Descambio. Con el Audi chico (el grande se lo has dejado a tu hija) en el parking subterráneo y con tu legítima, que todavía tiene ganas de marcha, haciendo compras en el narcotizante primer día de rebajas.

La gente allá abajo se afana en seguir comprando y en descambiar, así se dice, regalos inútiles, tallas imposibles y modelos equivocados. No paran ¿es que no han tenido suficiente con un mes de campaña navideña? El juguete del año ha sido la consola de bolsillo que se agotó pronto y también el Wii, cuyo fabricante Nintendo tuvo que pedir públicas disculpas al no poder atender la demanda aquí en Cádiz.

En fin, son cosas de la crisis que nos azota, te dices mientras le echas un desganado vistazo a la prensa: "Los fabricantes de coches se gastan 26 millones de euros en publicidad navideña". Pues bueno, pues vale, pues me alegro. "Los comerciantes del centro pierden el 10 % de las ventas a causa de la crisis." Si es que es verdad, con la crisis que nos ha traído el puñetero gobierno este... y las cebollas más caras.

Tu legítima regresa con media docena de paquetes. Le recuerdas, sin mala intención, que en el chalet tiene aún regalos sin abrir. Ella te mira sin verte y te dice que pidas la comida que hay que ir al aeropuerto a recoger al niño que viene de esquiar en Baqueira con los amigos. Para comer pides verduritas o algo a la plancha, que llevas un mes comiendo jamón y gambas; y además el ecologista que llevas dentro te pide un respeto a las gambas que, con el desparrame del consumo navideño, deben estar al borde de la extinción. Eso sí, el rioja que sea gran reserva. Mientras comes, un operario en una grúa está retirando los exornos navideños. Eso te produce una imprecisa melancolía que agrava la idea de la crisis que nos azota. Cuando sales ya ha oscurecido y una cola de coches con los faros encendidos siguen dispuestos a entrar en el Gran Santuario. Se acabó la navidad. La de este año.

Mañana en el trabajo, cuando alguien comente algo de la crisis que nos azota, debes decir "Sí, una crisis que te cagas".

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