El pinsapar

Vino a Sevilla

Los días son las trituradoras de las biografías, las vidas,los recuerdos, las esperanzas y casi todo lo demás

Después de todo, ha sido fácil. Es que parece que el mundo se va a acabar pero después no pasará nada demasiado importante. Digo que cuando Pedro Sánchez se vaya o lo inviten a salir ocurrirá como lo de Sevilla, que llegó Pablo Casado, cuyo nombre se volverá a diluir en el agua del tiempo, como Hernández Mancha, que ya casi nadie se acuerda. O sea, llegó, saludó, se dolió y se fue a su vida que cabrá en un buen verso de César Vallejo.

Por eso algunos días veo a Kichi en un bar de la Viña con amigos y cervecitas y alguien de la barra le dirá bajito al oído al amigo que le acompaña: "El de la camisa blanca por fuera fue alcalde de Cádiz". Y el amigo le contestará: "¿De verdad?". Los días son las trituradoras de las biografías, las vidas, los recuerdos, las esperanzas y casi todo lo demás. Está bien que lo sea para que no olvidemos que aquí estamos un tiempito y luego nos sumergimos entre el oleaje del misterio. Por eso hay que pararse un poco y mirar para atrás. No bajo la advertencia de la mujer de Lot sino pararse como si nos cruzáramos con alguien que se parece a alguien que conocíamos.

Ahora, con esto de Putin, nos acordamos de otros brutales asesinos y genocidas del siglo pasado. Yo lo hago a menudo con Napoleón, que invadió -como Putin hace con Ucrania- más de media Europa, a sangre y fuego, digo, y tiene un panteón en París como si hubiera sido un gran hombre, una persona providencial que vino a este mundo a hacerlo mejor, más próspero y pacífico. Hitler se hizo desaparecer y Stalin estuvo junto a la momia de Lenin pero luego lo mandaron a otro sitio. Fueron los dos peores que han existido, nos han dicho. Su vida fue el saldo que dejaron. De muertos, destrucción e infamia.

Pero perdonen que me he ido de Sevilla a la memoria del mundo que rebota de pared en pared, de siglo en siglo, así que vuelvo. Decía que Pablo Casado ha empezado a licuarse para dejar el camino expedito a Núñez Feijóo, que ha venido de Galicia para hacerse con el instrumento con el que pretende llegar hasta la Moncloa y presidir la España que resulte de estos tiempos convulsos de Pedro Sánchez, la pandemia, Ucrania y la economía que se va por el husillo de la ineficacia y la estolidez. Si llega, llegará a esta inflación, a estos números de paro, a esta sociedad con el miedo metido en el cuerpo. Por la memoria de otros días, este tiempo atroz.

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