Domingo Villero se ha convertido en el socio perfecto, el concejal número 14 que necesita Adelante Cádiz para gobernar. Tras quedarse al borde de la mayoría absoluta, el PSOE se antojaba como su aliado natural, de ahí las primeras rosas y chucherías que enviaron al grupo municipal socialista para ganarse su apoyo. El acuerdo parecía hecho y basta recordar la tímida oposición que ejercía el PSOE estos meses. Pero después de que los 'anticapis' abandonaran Podemos afeando el abrazo que Pablo Iglesias le dio a Pedro Sánchez, y tras proclamar que con los socialistas ni a la vuelta de la esquina, el grupo que lidera Mara Rodríguez ha dejado de comportarse como un florero, aunque sea para disimular. De repente, no sólo culpan a Kichi de bloquear los planes de la Junta en Cádiz, también critican su inoperancia.

El despertar del PSOE ha obligado al gobierno local a buscar otros socios. Y lo tenían justo al lado, en la figura de Villero, que también existe, aunque nadie le diera los buenos días tras su traumática ruptura con Cs. Él pensaba que merecía ciertos privilegios y más protagonismo, tras poner su cara en el cartel. Pero el partido le explicó que así no funcionan las cosas y se largó. Durante meses, atravesó su particular calvario. Sin derecho a dotación económica, ni asesores, sin medios y sin local donde reunirse, parecía condenado a la irrelevancia. Si en la oposición hace frío, en el grupo de los no adscritos te tratan como un apestado, porque así se decidió para penalizar el transfuguismo. A Villero no le cogía el teléfono ni el cuponero de San Juan de Dios, pero en lugar de recoger sus cosas, se resistió. Sus rivales se reían a diestro y siniestro y hasta los asesores del equipo de gobierno lo ninguneaban: del despacho que reclamaba para trabajar, ni hablar. Todas sus propuestas parecían condenadas al olvido. Todas, hasta que el PSOE le enseñó el colmillo al alcalde, para exponerle que su apoyo no le saldría gratis.

Desde entonces, Kichi empezó a concederle su atención. Y Villero se dejó querer desde el primer instante: el Día de los Enamorados le daba al alcalde la bienvenida "a la rara estirpe de no adscritos", tras conocerse que tanto él como Teresa dejaban Podemos para pilotar un nuevo proyecto de corte andalucista. "Al final -añadía el ex concejal de Cs desde las redes- tendremos un Ayuntamiento diferente". Y tanto: ahora gobierna Adelante; la oposición la conforman PP, Cs y PSOE, y Villero manda. Aunque no sepa, ni quiera. Algunos lo ven como la muleta de Adelante, con su aspecto de concejal bizcochable que apenas profundiza en los debates. Pero el peso de la balanza en caso de empate entre gobierno y oposición, está en sus manos. Y lo que no se sabe es si le seduce más apoyar la gobernabilidad o tumbar las propuestas de sus ex compañeros. Por el memorable "me está usted gustando", que le dedicó al pobre concejal Páez con el pleno por testigo, hoy parece más propenso a lo primero, a cambio de que varias de sus ideas, como la media maratón, se aprueben. La oposición podría darle lo mismo, pero es difícil que se entienda con la gente de la que se divorció. Quienes se preguntaban por qué no deja la política, ya tienen respuesta. Viviendo a su aire, Villero está encantado, sin dar cuentas de su querer a nadie. Sus fatigas sólo las conoce él, el concejal perdido, la bala en la recámara del alcalde. Y encima gratis.

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