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Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

Villarejo es basura

Javier Arenas es inmatable. Antes que María Dolores de Cospedal, Paco Álvarez-Cascos también encargó un informe sobre Javier Arenas a los alcantarilleros del Estado. Era mediados de los años noventa. Cospedal acudió al comisario Villarejo para espiar a su compañero de Olvera "por obligación". Sospechaba que su relación con Bárcenas no sólo era de amistad, así que subió al chantajista mayor del Reino a la última planta de Génova para ver si piaba algo. Tonta. Se nota a leguas que Villarejo, además de chantajista, es un farolero, de esos que visten el engaño con algunas confidencias averiadas para que el interlocutor se suelte y termine por revelar lo que el comisario convertirá en mercancía. Se lo hizo a Ignacio González con su ático de Estepona, Villarejo sabía poco, le colocó la muleta, y el tonto confesó. Tengo una máxima para este tipo de gentuza: hay que aislarlos en el cubo de la basura como si se tratase de un residuo tóxico y peligroso. Villarejo intentó chantajear al Estado con el bolsillo y la bragueta del rey anterior; a la ministra de Justicia, con sus andanzas garzoneras, y a Cospedal, con la complacencia de su marido. Que se pudra en prisión, pague por lo que ha hecho y devuelva lo sisado. En el fondo, no es más que un huelebraguetas, un personaje tan clásico de nuestras Españas como la vieja Celestina.

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